Amarilis Horta, de Bicicultura: «Queremos que las bicicletas y sus servicios asociados sean considerados críticos»
En el Día Internacional de la Bicicleta, la activista por el uso de ese medio de transporte destacó en conversación con Ciudadano ADN las bondades de su uso, que no solo aplican para enfrentar la pandemia, sino "su avance a crisis político, social y económica".


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Hoy, 3 de junio, es el Día Internacional de la Bicicleta, establecido por la Organización de las Naciones Unidas para promoverla como un medio de transporte sustentable. Ahora, con la crisis del COVID-19, su uso se vuelve «esencial», según planteó en Ciudadano ADN Amarilis Horta, fundadora y directora del Centro Bicicultura Chile.
Por eso, la organización está creando redes en el marco de Nuevo Pacto Social para empujar una Ley de Convivencia Vial, además de establecer que «las bicicletas y todos sus servicios asociados, como tiendas, talleres o servicios de reparto, sean considerados críticos» y funcionen en cuarentena. «Hay personas que sí o sí deben moverse, para hacer las compras o hacer reparto de víveres», explicó Horta.
Un medio de transporte cuyo uso en medio de la pandemia ha aumentado un 52% en grandes ciudades como Nueva York, tomando en cuenta todos los protocolos de distanciamiento social. Estos índices están lejos de verse en Chile. Según Horta, «acá se ve entorpecido porque todo está cerrado. Una persona que necesita ir a dejarle provisiones a adultos mayores y podría hacerlo en bicicleta, no puede si la tiene pinchada porque no hay talleres».
Por eso, desde la red que encabeza han enviado solicitudes a cuatro ministerios: Hacienda, Interior, Transporte y Salud. «Hemos tenido una excelente acogida de Transporte», dijo Horta, quien aún se encuentra «esperando que de Interior y Hacienda respondan».
Se trata, en su criterio, de una medida estratégica para enfrentar la contingencia, pero «después de eso hay mucho por hacer». Amarilis Horta recordó que «en el mundo esta multicrisis sanitaria y climática está avanzando a político, social y económica producto de la recesión» por lo que se requiere una «ingeniería mayor» para manejarla.
En ese proceso, la bicicleta y la caminata son dos formas de moverse dentro de las ciudades que «cumplen con los requisitos para evitar que se agudicen», ya que provocan cero emisión de contaminantes. Un aspecto particularmente grave durante la pandemia, ya que, según explicó la activista, «las personas de sectores muy contaminados tienen una letalidad mucho mayor del virus».
Además, la bicicleta resulta clave para mantener el distanciamiento social: ocupa poco espacio en el tránsito, «mucho menos que vehículos motorizados», congestiona menos las ciudades y separa a un conductor de otro. También se trata de un medio de transporte muy barato: con su uso, se calcula un ahorro entre $50.000 y $80.000 mensuales por persona. Por eso, insistió Horta, «es necesario que se le dé el espacio estratégico que se le esté dando en casi todas las ciudades de Europa y muchas otras de América Latina».
Para ello, se necesitan acciones concretas, que ya se han tomado en esas otras ciudades: reducir la velocidad de los vehículos motorizados urbanos a 30 km/h «para que se atrevan» los ciclistas, disponer para las bicicletas pistas completas de calles o las llamadas ciclovías tácticas o emergentes (solo con demarcación), o declarar peatonales las calles de los centros urbanos.
En Chile, destacó Horta, hay tres municipios que son «ejemplos buenísimos de lo que se puede hacer»: Las Condes -que ya estrenó ciclovías emergentes-, Rancagua y Chillán. Para instalar «una propuesta más integral», Bicicultura está trabajando con otras dos ONG en la llamada AByC (Agencia Bicicleta y Caminata) para presentarla al Ministerio de Transportes. Esa propuesta busca hacer más segura la circulación en el tránsito, crear programas de compra de bicicletas, subvenciones a compra y reparación, programas crediticios sin impuestos, y «que la gente pueda aprender a andar en bicicleta, no solo equilibrarse, sino enfrentar el tránsito».




