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Impactante relato de sobreviviente de Dichato que perdió a su esposa en el tsunami

Hugo Fuentealba relató -en ADN Radio Chile- los dramáticos minutos posteriores al maremoto en la localidad de Dichato, cómo logró aferrarse a la vida y la impotencia de ver morir a su compañera de toda la vida, hecho que lo motivó a querellarse contra el Estado.

Hugo Fuentealba, maestro de la construcción que se encontraba paseando en el balneario de Dichato, arrancó hacia los cerros con su familia en la madrugada del 27 de febrero, asustado por el maremoto que pensó que vendría minutos después de gran sismo.

En la cima, cerca de las 7 de la mañana, sintonizó una radio de Córdoba, Argentina, donde escuchó a la ex Presidenta Michelle Bachelet afirmar que no habría tsunami y tomó una decisión que le costaría caro: bajar a Dichato para ver qué había pasado. No pasaron muchos minutos cuando una montaña de agua del tamaño de una casa de tres pisos arrasó con todo a su paso. En medio de la confusión creyó ver ballenas, pero se trataba de balones de gas de 45 kilos, que arrancados de cuajo de las casas, flotaban a merced de la corriente tirando un chorro de gas blanquecino que se asemeja a la respiración de los cetáceos.

Después vino lo peor, como pudo se aferró a un árbol y se encomendó a Dios. Fue entonces cuando no supo más de su esposa Eliana hasta que divisó un auto sumergido con las luces prendidas. Era el vehículo donde esta su compañera de toda la vida. Ella y su hermana Nancy no lograron salvarse.

Hoy, aún con lágrimas por el dolor de la pérdida, pero más conciente de los errores que le costaron la vida de sus seres más queridos, exige justicia. No culpa a la ex Presidenta Michelle Bachelet, pero sí al SHOA y la Onemi. Por eso ayer, con la asesoría del abogado Alfredo Morgado, presentó ante el séptimo Juzgado de Garantías de Santiago una querella criminal por cuasi delito de homicidio "contra quien resulte responsable".

Este es el conmovedor relato de Hugo Fuentealba en ADN Radio Chile:

El día viernes nos acostamos tipo 12, pero yo tenía un presentimiento, una angustia. Los cinco integrantes de la familia dormían, pero yo ponía la cabeza en al almohada y tenía que sentarme en la cama. Mi señora me decía "¿qué te pasa?", nada, sólo estoy inquieto, le respondí. En eso estaba y sentí un ruido profundo y comenzó el movimiento. A mi familia le costó despertar, pero finalmente se incorporaron y les dije "vamos que se puede salir el mar, arranquemos rápido".

A tientas nos vestimos, porque no había luz y ¡pum! al vehículo. Al final todo el pueblo se fue, algunos a pie otros en auto. Estuvimos a 500 metros hacia arriba, como a cinco cuadras. Y ahí pasamos las horas, como tenía calor me bajé del vehículo. Mi cuñado Jaime trajo una radio a pilas, no se podía sintonizar ninguna radio, era puro chicharreo, pero logramos pescar una señal de Córdoba y en eso empiezan a informar sobre el terremoto, cinco grados en San Juan y alrededores. El periodista decía que no había contacto con Chile. ¡ Puta quedó la embarrada !, dije yo.

Después leyeron de una agencia que desde Estados Unidos decían que el epicentro había sido en la zona del Maule y era 8,8 grados. Las casas de Dichato no se cayeron. Como a las 5:30 am prendo la radio de nuevo y se engancha a la señal internacional de TVN y decían que la Presidenta Bachelet pedía calma y recalcó de que no va a haber tsunami en ninguna costa de Chile y eso nos dio tranquilidad.

Camino a la muerte

Pasaron las horas y le dije a mis familiares que bajemos para retirar nuestras cosas e irnos a Chillán. Las dos mujeres, mi señora y mi cuñada me dicen que es preferible esperar porque está muy oscuro.

Cerca de las 7 de la mañana bajamos en el auto, pero el resto de la gente se quedó donde estaba, incluso los dueños de la casa donde estábamos se quedaron cerca de una fogata. En el pueblo no había nadie, parecía un pueblo fantasma y esperamos un poco antes de entrar a la casa y dejamos el auto como a 70 metros de la casa, en la costanera a 180 metros aproximadamente de la playa misma. Entré a la casa, llevaba una linterna grande y vi que todo estaba más o menos normal, a la casa no le había pasado nada, pero algo intuí y les dije que no sacáramos aún las cosas para irnos. "Más rato venimos más tranquilos", les dije, pero mi cuñada quería irse con las cosas lo más rápido posible.

En eso estaba cuando salgo al patio y escucho bocinazos. Fui a la calle y era mi señora desde el auto que tocaba la bocina. Algo pasa y no alcancé a hacer más porque venía el agua. Le dije a mi hijo "no sacamos nada con correr, ya la ola nos pilló". Sé que mi cuñado pasó por el lado mío y mi cuñada quedó ahí. Como se dice vulgarmente, sálvense quien pueda.

Las "ballenas" de Dichato

Al principio el agua venía a ras de piso, pero después se vino con todo, arrastrado cuanta cosa uno se pueda imaginar, balones de gas de 45 kilos, todos con la llave abierta porque fueron descogotados de las cañerías. Eran como cinco o seis los que yo vi, eran igual que una ballena por la fuerza del chorro de gas que tiraba una cuestión blanca como un serpentín, se daban vuelta y hacían igual que una ballena.

El agua me tapó pero volví a salir a flote, mi hijo pega un grito y lo único que pensé es que Rodrigo se ahogó, me vino la desesperación. En ese momento llamé a la Eliana, la Nancy y a Jaime. Nadie me respondía. En eso aparece Rodrigo, mi hijo, muy asustado. "¡ Afírmate a algo !" le grité, y se aferró a un colchón y a un tarro de basura. El agua iba y venía y yo flotaba a merced de la marejada. Después comprobé que tenía varias lesiones menores, sobre todo corte con latas, pero era tanta la adrenalina que servía de barrera al dolor. Lo único que quería era salvarme.

El árbol de la vida

Finalmente voy a dar contra un árbol, como pude me tomé de él y me subo, el agua iba subiendo a medida que trepaba, parecía que me quería ir siguiendo. De ahí pasé al techo de una casa de dos pisos de altura pero si el agua bajaba me llevaría de vuelta al mar de nuevo, así que me quedé en el árbol. Sentí miedo, impotencia, dolor, y uno se olvida de la familia en ese momento.

Rodrigo estaba conmigo, le dije que se afirmara porque ahora el mar iba a recogerse. Soy católico y le dije a mi Dios "llévame o déjame", a todo pulmón, con rabia e impotencia, y mi hijo igual. Al rato el agua empieza lentamente a bajar.

La muerte de Eliana

Aún no me lo explico, pero cuando el agua comenzó a bajar vi un auto blanco abajo, sumergido con las luces prendidas. Yo nunca me imaginé que era el auto donde estaba mi señora, era un auto no más ¿de quién será?, me pregunté. Es tanto el impacto que uno se nubla en una situación así. El agua siguió bajando y por el techo del auto supe que era el nuestro ¡Ay! dije yo, hay alguien allá adentro. Pesqué un palo y golpeé los vidrios, pero eran polarizados y no sabía quién estaba en el interior. Ahí fue cuando perdí unos segundos porque por otro lado aparece mi cuñado agotado, empapado y me pregunta por la Nancy. "No sé dónde está", le contesté."La Giana (así le decíamos a la Eliana) está dentro del auto" me dijo, ya que donde estaba él tenía una mejor visión del interior del vehículo porque estaba el vidrio del copiloto abajo. El auto ya estaba seco y mi señora quizá ya estaría fallecida. Como él es más delgado se mete dentro del auto la toma y comienza a hacerle respiración boca a boca durante unos tres minutos, yo le ayudaba tomándole el pulso, pero ya no tenía, aunque el cuerpo estaba calentito. Pero no, "sabís que más Jaime, dejémosla aquí momentáneamente". Mi hijo no paraba de llorar, ¡cálmate! le decía, si ya falleció, está descansando en paz. En eso estábamos y el agua amenazaba con venir de nuevo, iba y venía.

Afortunadamente tuvimos un descanso. Estaba la PDI, la SIP de Carabineros, pero al principio no nos creían lo que les decíamos, pensaban que éramos saqueadores, incluso insulté a un capitán de Carabineros, pero al final terminamos siendo amigos. Mi cuñado fue quien le dijo que había muerto mi señora, él no creía. Nos acompañó y sacamos a mi señora envuelta en una frazada. Mi cuñada la encontramos en la casa luego de haber entrado en tres ocasiones. Nos dimos cuenta porque un perro de la casa estaba gimiendo entre los escombros que se acumularon en un sector de la casa. Miré con detención y vi a mi cuñada con las piernas flectadas hacia abajo sobre un alto de escombros. Claro, ella murió ahogada y el mar trabajó con su cuerpo igual que un mono, ella no se iba a subir allá arriba. Andaba flotando, y cuando bajó el agua ella quedó arriba.

El resto de la historia es conocida. Nancy y Eliana forman parte de la lista de más de 500 muertos, la mayoría de ellos víctimas del maremoto, y hoy Hugo Fuentealba y su familia son los primeros en presentar una querella en contra del Estado por la fallida alerta de tsunami. La palabra ahora la tienen los tribunales de justicia. La fiscal Solange Huerta será la encargada de investigar por qué el SHOA y la Onemi no declararon la alerta de maremoto a los pocos minutos del sismo, hecho que sí fue advertido por los organismos de Estados Unidos especializados en la materia.

Por Juan Andrés Ventura-Juncá