Internacional

La salud pública de Argentina estudia el uso del cannabis en tratamientos para niños

La ley 27.350 de marzo de 2017 establece a la sustancia como medicinal.

La Ley 27.350 del 30 de marzo de 2017 estableció que en Argentina el cannabis es una medicina. La norma nació por la presión de madres y padres de niños con epilepsias refractarias que trataban a sus hijos, cultivando marihuana en forma irregular, comprando aceite o importándolo en secreto. El estado les prometió a las familias un tratamiento gratuito, pero nuevamente fueron empujadas a la clandestinidad, ante la ausencia de estudios científicos que avalaran los fármacos derivados de la sustancia.

En el mundo hay 50 millones de personas con epilepsia, cada año 2.4 millones de seres humanos son diagnosticadas por primera vez y aproximadamente el 30% no responderá el tratamiento. En Argentina el 1% de la población padece la enfermedad y -de esa cifra- el 20% son casos muy graves. El Hospital de niños Garrahan, que cada año atiende a unos 600.000 pacientes y realiza 12.000 cirugías de alta y media complejidad, asumió en forma oficial el primer estudio del uso de cannabis.

El cannabis medicinal es provisto por el laboratorio Aphria de Canadá, que se hará cargo durante todo el estudio y el resto de la vida de aquellos pacientes en los que se demuestre que funciona. En total serán 100 niños los que probarán el medicamento a base de CBD (principio no psicoactivo): 50 pacientes del Garrahan y otros 50 de centros del interior. "Esto tiene un potencial muy grande en términos médicos y de la salud pública", explica Roberto Caraballo el jefe del servicio de neurología. 

El estudio busca obtener conclusiones sobre la efectividad del fármaco y su tolerabilidad. Carlos Kambourián, el presidente del consejo de administración del Garrahan, asegura a El País que "como institución pública de renombre y referente en toda América Latina, tenemos la obligación de hacer estudios para otros países. Sin duda este trabajo de investigación va a ser tomado por otros países que no realizan estudios".

Cristina y su pequeña hija repiten desde hace cuatro años los viajes al hospital. Cuando nació la niña le diagnosticaron síndrome de West, una alteración cerebral que se manifiesta con fatigantes epilepsias y retrasos en el desarrollo. "Mi hija quedó internada y a mí me dieron algo parecido a un pésame", recuerda la mujer, quien debió abandonar su trabajo y se reconvirtió en asistente de estimulación temprana.

En unas semanas recibirá sus primeras gotas de aceite de cannabis. Se emociona Cristina y relata que tiene "mucha expectativa. No le tengo miedo al cannabis después de los fármacos que le di a mi bebé cuando tenía apenas cuatro meses. Menos miedo tengo acá adentro, en el hospital más importante del país y con los mejores médicos. Deseo conectar con mi hija, que me llame ‘mamá’. Que complete ese ‘ma’ que, aunque le cuesta, ya intenta desde ahora".