Internacional

Butler, el condado estadounidense que quiere dejar morir a los adictos a la heroína

Un sheriff y un concejal han propuestas ideas que apuntan a no prestar atención médica a los adictos que sufren sobredosis.

El condado de Butler, Ohio, en Estados Unidos, maneja una solución polémica para acabar con la adicción a los opiáceos, una epidemia que en Estados Unidos en 2016 mató a más personas que toda la guerra de Vietnam. Un sheriff y un concejal de la ciudad han puesto sobre la mesa la idea de dejarlos morir. La circunscripción tiene sólo 376.000 habitantes pero registró el año pasado 210 muertes por sobredosis.

El sheriff Richard K. Jones, desde hace dos semanas, decidió que sus agentes no porten ni administren el Narcan, un antagonista de la heroína que revierte de modo fulminante la sobredosis. Este tratamiento, con un costo de unos 40 dólares, representa la salvación diaria de miles de toxicómanos.

Y en un país de donde los opiáceos generaron el año pasado 1,3 millones de atenciones hospitalarias, se ha vuelto crucial. Lo llevan los encargados de primeros auxilios, los bomberos y, desde luego, los policías. En 38 estados es obligatorio su uso. Pero no en el condado de Butler. Justo uno de los sitios donde más adictos mueren en América.

No ataca la raíz del problema: sólo lo prolonga. En lo que va de año se han registrado 200 fallecimientos. Tenemos casos de adictos que en un mes han sufrido hasta 20 sobredosis. Yo no soy quien decide, son ellos al ponerse la aguja en el brazo. Estamos para prevenir el crimen no para dar primeros auxilios. Tampoco doy insulina los diabéticos”, dice Jones en un reportaje publicado por El País.

El concejal Daniel Picard, republicano, católico y un destacado miembro de la sociedad civil de Middletown (50.000 habitantes), en el condado de Butler, ha ido más lejos: la tercera urgencia por sobredosis, en caso de que el afectado no haya pagado con dinero o trabajos sociales las anteriores intervenciones, se deja de atender al drogadicto.

Las sobredosis aumentan sin fin. En 2016 tuvimos 526 casos y 72 fallecidos, y solo en el primer trimestre de este año 596 casos y 54 muertes. Muchos no son de este pueblo o sus familias no quieren saber nada de ellos, por lo que el Ayuntamiento tiene que hacerse cargo de todo. Cada actuación por sobredosis nos cuesta 1.104 dólares, y cada incineración 700. Es un gasto desbocado y hay que tomar decisiones. Lo siento, pero a alguien le toca pensarlo”, cuenta Picard.

Sarah es drogadicta desde los trece años. Su padre murió alcoholizado, y su madre, tras años de analgésicos, falleció de una sobredosis de heroína cortada con fentanilo. “Hubo un mes en que sufrí 18 sobredosis. Sin el Narcan estaría muerta, bien muerta. Una noche me tuvieron que meter cuatro para que me recuperase”, cuenta.

Si lo quitan nos morimos, no le dé más vueltas”, dice.