Internacional

La presión para destituir a Rousseff en Brasil tiene una tregua

Un acuerdo tácito entre empresarios y políticos para retomar el control de la crisis ayuda a la mandataria a ganar tiempo.

La adrenalina de las recientes protestas multitudinarias que pidieron la destitución de la presidenta de

, 

, fue dando lugar a una curiosa serenidad en los días posteriores al domingo 16.

Después de varias humillaciones públicas que culminaron con las manifestaciones, Rousseff tuvo días menos ácidos. Una victoria para el ajuste fiscal, con la aprobación en el Senado de un proyecto que aumenta los tributos de empresas, el pasado miércoles. 

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Y para completar el cuadro, una denuncia contundente en el Supremo contra su gran enemigo, el presidente de la Cámara de los Diputados, Eduardo Cunha, acusado de promover chantajes para obtener sobornos millonarios de contratistas de Petrobras.

El cambio repentino de clima se debe a un pacto entre actores económicos y políticos para frenar lo que parecía un torbellino sin fin. El 6 de agosto, la Cámara, insuflada por Cunha, instauró una Comisión Parlamentaria de Investigación (CPI) del Banco Nacional del Desarrollo Económico y Social (BNDES), la entidad pública que ha concedido crédito a casi todas las principales empresas brasileñas.