Investigación reveló que EE.UU. paga una pensión de jubilación a varios nazis
Desde 1979, al menos 38 sospechosos que salieron de EE.UU. siguieron obteniendo esos pagos. Al menos cuatro siguen vivos y residen en Europa, donde reciben "millones de dólares".


Jakob Denzinger es un antiguo guardia del campo de concentración y exterminio nazi de Auschwitz. En 1989 abandonó voluntariamente Estados Unidos al que había llegado tras la Segunda Guerra Mundial, pero hoy sigue cobrando una pensión de jubilación que le paga EE.UU. Recibe alrededor de 1.500 dólares al mes -casi el doble del sueldo promedio de un trabajador croata-, fruto de su contribución al fisco estadounidense. Denzinger no hace nada ilegal: se beneficia de que ninguna ley establece que un delincuente no expulsado formalmente de EE.UU. tenga que dejar de recibir ayudas del sistema de Seguridad Social.
Este anciano es una de las decenas de personas con un pasado nazi que cobraron o siguen cobrando sus pensiones tras ser forzadas a abandonar EE.UU, cuyos casos fueron destapados por una investigación de dos años de la agencia de noticias Associated Press (AP). Desde 1979, al menos 38 de los 66 sospechosos nazis que salieron de EE.UU. mantuvieron los subsidios. Y de éstos, al menos cuatro -incluido Denzinger- siguen vivos y residen en Europa. Los pagos de las arcas norteamericanas ascienden a “millones de dólares”.
La revelación desató reacciones inmediatas. La Casa Blanca lamentó que los pagos sean legales. “Nuestra posición es que no creemos que estos individuos deban estar recibiendo estos beneficios”, dijo el portavoz Eric Schultz. El Departamento de Justicia se mostró “abierto” a considerar cualquier propuesta de cambio legislativo.
Según estimaciones, hasta 10.000 participantes del horror nazi emigraron a este país tras finalizar en 1945 la Segunda Guerra Mundial. De quienes siguieron cobrando ayudas sociales tras abandonar EE.UU, hay agentes de las SS que protegían campos de concentración; un guardia que participó en la masacre de Varsovia en la que murieron unos 13.000 judíos; un colaborador que ayudó en el arresto y ejecución de miles de judíos en Polonia o un científico de misiles para los nazis.
Para la Oficina de Investigaciones Especiales (OSI, por sus siglas en inglés) del Departamento de Justicia, que los criminales nazis mantuvieran sus pensiones tras abandonar EE.UU. era percibido como un mal menor, ya que permitía acelerar su salida del país. Lo que a su vez aumentaba teóricamente las posibilidades de que fueran llevados a los tribunales en Europa, pues en EE.UU. no podían ser juzgados.




