Internacional

La violencia se propaga por El Cairo, Suez y Alejandría

Jóvenes manifestantes han prendido fuego a la sede de los servicios de impuestos inmobiliarios, situado en pleno epicentro de los choques y a pocos metros del Ministerio del Interior, en El Cairo.

La tragedia en el estadio de fútbol de Port Said, que resultó en la muerte de 74 personas el pasado miércoles, ha desbordado la indignación de activistas y ultras futboleros, desencadenando la enésima ola de enfrentamientos entre policías y manifestantes en los aledaños de Tahrir. Con los nuevos disturbios, el Egipto post-Mubarak se enfrenta a una sensación de déjà vu, como si en lugar de avanzar, la historia se repitiera continuamente en un bucle sin fin, en una especie de eterno retorno.

Jóvenes manifestantes han prendido fuego a la sede de los servicios de impuestos inmobiliarios, situado en pleno epicentro de los choques y a pocos metros del Ministerio del Interior, en El Cairo. Armarios y escritorios de este edificio administrativo han sido utilizados como barricadas improvisadas. Grupos de vándalos armados han entrado en una comisaria en un barrio del este de la capital egipcia y tras liberar a los detenidos han incendiado la sede policial, según informa AFP. Mientras, en Alejandría, la segunda mayor ciudad del país, también se han producido enfrentamientos en los que las fuerzas de seguridad han utilizado gas lacrimógeno para dispersar a los manifestantes.

Los últimos altercados han provocado la muerte de cuatro personas. Dos de ellas perecieron en Suez a causa de los disparos de la policía. En el Cairo, también murió un manifestante por el impacto de pelotas de goma, y un soldado atropellado por un vehículo militar. Además, más de 1.500 personas han resultado heridas, según el último balance del ministerio de Sanidad.

Muchos de ellas recibieron primeros auxilios en la mezquita de Omar Makram, situada en una esquina de Tahrir, y convertida en un hospital improvisado cada vez que se produce una erupción de violencia. “Esta noche hubo varios heridos por disparos con pelotas de goma, pero ahora todos vienen con síntomas de asfixia por los gases. El cuadro médico no es grave, sólo necesitan oxigenación”, ha declarado Karim Salem, uno de los doctores voluntarios que gestiona el hospital.

Las escenas en Tahrir han sido bien familiares: carreras frente a la policía, activistas cargando sobre sus hombros a compañeros heridos, jóvenes con las caras blancas, embadurnadas de una loción de agua y levadura contra los gases lacrimógenos. Y todo ello, con el sonido de las sirenas y los gritos de “¡Caiga, caiga el gobierno militar!” como banda sonora.

Habitualmente, cada uno de estos ciclos se inicia con una brutal actuación de las fuerzas del orden contra un número reducido de activistas, lo que despierta las iras de miles de jóvenes revolucionarios, que se dirigen a Tahrir con ánimos de revancha. En los alrededores de la mítica plaza se respiran entonces gases lacrimógenos y aires de reyerta.