Gingrich ganó en Carolina del Sur y da un vuelco a las primarias republicanas
''Yo he articulado los más profundos valores perdidos del pueblo americano'', manifestó el populista expresidente de la Cámara de Representantes, en su discurso de victoria, después de quejarse de que las élites han tratado durante mucho tiempo de retirarlo de esta carrera.
Pertinaz en su megalómana obsesión por pasar a la historia, Newt Gingrich se ha convertido en un imprevisto animador de la campaña republicana por la presidencia de Estados Unidos y en la última esperanza de los ultraconservadores para llevar al poder a uno de los suyos. Su resurgimiento en estas primarias es la prueba final del cisma en el partido de la oposición y un anuncio de lo difícil que le va a resultar presentarle a la nación una propuesta creíble en las elecciones presidenciales del próximo noviembre.
Gingrich ganó las primarias de Carolina del Sur y apunta ya con posibilidades a la próxima batalla, el 31 de enero en Florida. Con el 99% de los votos contados, Gingrich había conseguido el 40,4%, con lo que superaba en 13 puntos a Romney, lo que representa una ventaja mayor a todo lo previsto y reveladora del gran momento por el que atraviesa Gingrich y sus grandes opciones de cara al futuro. Rick Santorum y Ron Paul quedaron en un lejano tercer y cuarto puesto, con el 17% y el 13% respectivamente.
“Yo he articulado los más profundos valores perdidos del pueblo americano”, manifestó Gingrich en su discurso de victoria, después de que quejarse de que “las élites” han tratado durante mucho tiempo de retirarle de esta carrera. Aseguró que las próximas serán las elecciones presidenciales más importantes en mucho tiempo porque la reelección de Obama tendría, según él, consecuencias “desastrosas” difíciles de imaginar. Una de las amenazas que Gingrich, un reciente convertido al catolicismo, vislumbra es la de que crezca el poder de lo que llamó “el totalitarismo antirreligioso”.
Sin éxito en Iowa ni en New Hampshire, Gingrich necesitó solo un par de golpes de efecto en los debates televisivos y unos pequeños traspiés de su principal rival, Mitt Romney, para ascender meteóricamente en las encuestas y pasar de ser otro de los muchos elementos extravagantes de esta campaña a un serio competidor.
Ha sido toda una sorpresa. Precisamente cuando el Partido Republicano comenzaba a unir fuerzas en torno a Romney y el establishment de la derecha empezaba a ensalzar las virtudes centristas del hombre a quien se considera el único con aspiraciones de batir a Barack Obama, resurge Gingrich con todo su maquillaje populista y con todo su potencial destructivo para el republicanismo.
Aunque inesperado, no es, sin embargo, un fenómeno casual. El ascenso de Gingrich responde a la misma razón que explicó antes los breves momentos de gloria de otros personajes ya caídos, desde Michele Bachmann hasta Rick Perry: la falta de confianza de la base republicana en Romney y la búsqueda constante de una alternativa más conservadora.