Gobierno iraquí se descompuso tras retirada de EEUU
El Ejecutivo ordenó detener al vicepresidente, el suní Tarik al Hachemí, acusado de que habría dirigido escuadrones de la muerte. En tanto, la mayoría chií controla el Gobierno.
El primer ministro iraquí, el chií Nuri al Maliki, pidió este miércoles a las autoridades kurdas que entreguen al vicepresidente, Tarik al Hachemí, un suní, a las autoridades judiciales para que se enfrente a la acusación de que habría dirigido escuadrones de la muerte. "Pedimos a nuestros hermanos en la región de Kurdistán que asuman la responsabilidad y entregue a la persona buscada al poder judicial. Su huida a otro país crearía problemas", dijo Al Maliki en rueda de prensa. El pasado lunes, apenas horas después de que los últimos soldados estadounidenses abandonaran el país, el Gobierno emitió una orden de detención contra el vicepresidente.
Al Hachemí, que negó los cargos, se ha trasladado a la región semiautónoma del Kurdistán, después que un tribunal dictara una orden de arresto en su contra. El Gobierno iraquí difundió a través de la televisión vídeos de las confesiones de supuestos guardaespaldas del vicepresidente, que aseguran que éste ordenó asesinar a tiros o con bombas a varias personas. La minoría suní del país (20%) ve en el caso una persecución por parte de la mayoría chií que hoy controla el Gobierno.
Las acusaciones contra Al Hachemí se fundamentan en los testimonios, mostrados en lunes en televisión, de tres de sus guardaespaldas, que confesaron tras ser detenidos que el vicepresidente les ordenó cometer atentados terroristas. Uno de los guardaespaldas hablaba en la confesión mostrada en televisión de intentos de asesinatos con bombas de carretera y con pistolas con silenciadores y precisa que las órdenes las daba el vicepresidente y en ocasiones el director de su gabinete.
La primera consecuencia de la acción judicial contra Al Hachemí ha sido resucitar el fantasma de la división religiosa en el país. El vicepresidente pertenece a la minoría suní que controlaba el país en la época de Sadam Husein frente al 80% de chiíes. En el Irak posterior a la invasión, los chiíes son mayoría en las instituciones y el riesgo de que la violencia cambie de bando siempre ha estado latente.
La situación se observa con preocupación desde Washington, que el pasado domingo retiró a sus últimos soldados de Irak y presentó el fin de la misión como si el país asiático estuviera ya en la senda de una democracia estable. El vicepresidente de EE.UU, Joseph Biden, urgió anoche al primer ministro Al Maliki, y al presidente del Parlamento, Osama al Nuyaifi, a solucionar la crisis política que vive el país árabe. Biden habló por teléfono por separado con ambos para "discutir el clima político actual" en Bagdad tras la orden de arresto contra el vicepresidente.




