Comisión Interamericana de DDHH advirtió que continúa la discriminación de las mujeres en Latinoamérica
La CIDH culpa a la pobreza como uno de los obstáculos principales para que las mujeres del continente, especialmente de Centroamérica, puedan acceder a una mejor calidad de vida.
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) publicó esta semana un informe que, si bien es una buena radiografía sobre la situación de las mujeres en América Latina, no aporta grandes novedades: la discriminación y la desigualdad continúan y en algunos países, incluso, empeoraron, como el caso de algunos centroamericanos, entre ellos Guatemala y El Salvador.
El informe de 129 páginas, que se puede leer completo aquí, es una confirmación más de que la deuda moral que tiene América Latina con sus mujeres, lejos de disminuir, va en aumento y sin esperanzas de que esa tendencia vaya a cambiar en el futuro. Los hallazgos del estudio, titulado “El trabajo, la educación y los recursos de las mujeres: la ruta hacia la igualdad en la garantía de los derechos económicos, sociales y culturales”, son demoledores:
“En muchas partes de la región, las mujeres tienen menores posibilidades que los hombres de satisfacer necesidades básicas, tales como la alimentación, el acceso a vivienda, y a servicios de salud especializados, siguen particularmente expuestas a formas de violencia física y sexual, y tienen opciones limitadas de obtener un trabajo decente y de incidir en la agenda pública de sus países”.
La CIDH culpa a la pobreza como uno de los obstáculos principales para que las mujeres latinoamericanas puedan acceder a una mejor calidad de vida. La mayoría de los 570 millones de personas que viven hoy día en América Latina son mujeres y jóvenes menores de 30 años, en especial mujeres de sectores rurales, indígenas y afrodescendientes, según el Fondo de Población de Naciones Unidas. La violencia de género y el embarazo en las adolescentes -sobre todo en Bolivia- también son problemas cotidianos a los que se enfrentan las mujeres latinoamericanas.
.La pobreza lleva a la discriminación y a la desigualdad. El círculo vicioso de pobreza-discriminación-desigualdad se retroalimenta en una región que ha escapado en los últimos años de la crisis económica que afecta, e incluso ha hecho tambalear, a otras zonas del planeta.
La CIDH reconoce que ha habido avances: hay más mujeres que se titulan en las universidades. La mala noticia es que ese éxito no se traduce en mejores empleos y salarios comparados con los hombres. Ya lo había advertido la ONU: el desempleo femenino y la proporción de mujeres ocupadas en sectores de baja productividad siguen siendo sistemáticamente superiores a los de los hombres e incluso en algunos países se incrementaron.