Ejército egipcio reprimió protestas y expulsa de Tahrir a los opositores
"Salieron jóvenes e incendiaron coches y dependencias del parlamento y del consejo de ministros, sin la intervención de las fuerzas armadas, afirmó el nuevo primer ministro egipcio, Kamal Ganzury.
“Los vamos a matar, están muertos”. No están escogidas al azar las palabras pronunciadas por algunos de los militares que desalojaron a los manifestantes de Tahrir y prendieron fuego a las tiendas donde acampaban, antes de perseguirles con palos y piedras. Son nueve los muertos que dejaron estas dos jornadas de violencia en El Cairo y más de 600 los heridos, mientras los votos de las dos primeras jornadas de la segunda fase de las legislativas siguen contándose. La primera línea de policías militares pertrechados de antidisturbios es un hervidero. Los jóvenes intentan convencerles de que cesen los ataques. Levantan los brazos. Los soldados les indican con la mano que les van a cortar el cuello. Uno de ellos arranca a un chaval el móvil con el que graba las amenazas y lo estampa contra el suelo haciéndolo añicos, los gritos van en aumento y pronto los bastones y las piedras empiezan a caer sobre los manifestantes que corren para salvar sus vidas hacia el otro lado del puente, alejándose de Tahrir.
Un día más la represión del ejército cayó sobre los manifestantes que exigen que la junta militar que gobierna desde la caída de Mubarak traspase el poder a una autoridad civil. Se sucedieron los ataques con piedras por parte de soldados desde un edificio de Qasr el Ainy, la calle perpendicular a la del Parlamento, donde se inició la protesta y donde se encontraba la sentada pacífica instalada el 25 de noviembre y que fue dispersada a tiros y pedradas por los militares. Vestidos con pantalones de campaña y porras en el cinturón, pero sin camisa, de forma que se les pudiera confundir con matones, lanzaron piedras y adoquines a los manifestantes que se encontraban en la calle, en una esquina de la plaza de Tahrir. Finalmente una carga desde distintos puntos dispersó a los manifestantes que corrieron en todas direcciones perseguidos por los palos y las piedras. “La libertad no es gratis”, alentaba uno de ellos a los que huían junto a él.
En ese mismo momento, el nuevo primer ministro egipcio, Kamal Ganzury, negaba en una rueda de prensa cualquier tipo de acción represiva y responsabilizaba a los manifestantes de los disturbios. “Un joven fue golpeado y recibió un trato incorrecto, y los chavales tienen derecho a pedir justicia por esto. Pero después salieron jóvenes e incendiaron coches y dependencias del parlamento y del consejo de ministros, sin la intervención de las fuerzas armadas”, afirmó el recién nombrado.