Wikileaks: Japón conocía problemas en centrales nucleares
Según los documentos, la falta de transparencia marcó hace cuatro años otra fuga radiactiva en la mayor central nuclear del mundo.
El 16 de julio de 2007, un terremoto de magnitud 6.8 en la escala Richter dañó la central nuclear japonesa de Kashiwazaki-Kariwa, la mayor del mundo, con siete reactores. El primer día de la catástrofe, la Empresa de Electricidad de Tokio (Tepco), propietaria también de la central de Fukushima, minimizó los daños. Al día siguiente, sin embargo, admitió que quienes diseñaron la planta no previeron que podría afrontar un sismo de esa magnitud. Y asumió que se habían vertido al mar cientos de litros de agua con 60.000 becquerelios (unidad de medición de la radiactividad). Un día después la empresa reconoció que la cifra ascendía a 1.300 litros con 90.000 becquerelios.
Los documentos del departamento de Estado revelados por Wikileaks indican que Shinzo Abe, el entonces primer ministro japonés, declaró: "Los informes de Tepco llegaron tarde. Les recordé duramente que los informes deben hacerse de forma rigurosa y a tiempo. Las plantas nucleares no pueden operar sin la confianza del ciudadano. La rapidez a la hora de informar y la transparencia en la información son necesarias para obtener esa confianza".
La central de Kashiwazaki-Kariwa se cerró temporalmente y el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) se comprometió a ayudar en la investigación del accidente. El director del organismo nuclear de la ONU, Mohamed el Baradei, pidió a Tokio que informase con "transparencia total" y remarcó: "Es importante aprender la lección sobre un terremoto".
El sismo de 2007 "sólo" mató a 11 personas e hirió a un millar. La central detuvo su actividad durante casi dos años, hasta que en mayo de 2009 comenzó a funcionar uno de los siete reactores y meses después los demás. Pero el incidente dejó cierto sentido de la vulnerabilidad en las centrales. Dos semanas después del escape, varios expertos del OIEA examinaron durante tres días la planta y concluyeron que el material radiactivo fugado estaba por debajo de los límites autorizados, pero criticaba también a Tepco por retrasar la información sobre la fuga.
Desde entonces, al Gobierno japonés le resultó más difícil encontrar pueblos dispuestos a albergar nuevas centrales. Como se informa en un cable de 2009, los sentimientos de "no en mi patio" se extendieron, y sólo los municipios que ya acogían otras plantas atómicas aceptaban la llegada de más reactores. En la catástrofe actual, la lección de la transparencia sigue pendiente. Japón no ha ofrecido aún información precisa sobre la radiación vertida desde la central de Fukushima, ni de su evolución o extensión prevista.




