Wikileaks: EEUU valoró la »respuesta madura» de Chile a la muerte de Pinochet
"No sólo sigue igual de muerto sino que casi parece que nunca ha existido. Esto es sorprendente, dada la lluvia de emociones que acompañaron su defunción", dijo el entonces embajador estadounidense en Chile.
Augusto Pinochet murió el 10 de diciembre de 2006. Apenas 60 días después, el entonces embajador estadounidense en Santiago de Chile, Graig Kelly, enviaba un
confidencial a Washington que destilaba optimismo y humor desde el mismo título: "Pinochet aún sigue muerto". El diplomático analizaba con satisfacción la forma en que Chile había pasado página a la muerte del dictador confrontándola con el caso de España y "el dictador Francisco Franco".
"Los apasionados comentarios de los medios -alimentados por las imágenes yuxtapuestas de sus seguidores llorando mientras los oponentes descorchaban botellas de champán- inducían a pensar, inicialmente, que Chile entraba en un largo periodo de rencoroso y destructivo debate entre la izquierda y la derecha. En lugar de eso, Chile, ahora una próspera democracia con fuertes instituciones, dio aparentemente un introspectivo suspiro de alivio sobre su pasado y se movió hacia los desafíos del presente y del futuro".
El embajador agregó: "En Chile, el antiguo dictador Augusto Pinochet no sólo sigue igual de muerto sino que casi parece que nunca ha existido. Esto es sorprendente, dada la lluvia de emociones que acompañaron su defunción, cuando seguidores y detractores lucharon -afortunadamente, solo de forma figurada- para definir su legado".
El diplomático señalaba que para los simpatizantes de Pinochet, "las violaciones de derechos humanos eran lamentables pero perdonables en el contexto de una inminente guerra civil. Finalmente, las alegaciones de corrupción son una calumnia sin pruebas contra un gigante de la historia".
Los detractores de Pinochet, "que según las fuentes más fiables sobrepasan a sus seguidores", desprecian a un "tirano sin principios" que "traicionó al hombre que le otorgó su cargo". "[Para ellos] su política económica fue impuesta con mano de hierro y causó gran malestar entre los más pobres. (…) Y, sobre todo, fue un sinvergüenza que robó, junto a su familia, millones de dólares a los chilenos".
El diplomático concluyó: "Para Estados Unidos la respuesta madura de la democracia chilena a la muerte de Pinochet es ciertamente bienvenida. Los chilenos, al menos por el momento, parecen determinados a no gastar demasiado tiempo mirando al pasado o en excesivas introspecciones".