Nube de ceniza avanza hacia el sur de Europa y mantiene el caos aéreo
La nube de ceniza procedente de la erupción del volcán bajo el glaciar Eyjafjallajokull, en Islandia, continúa su avance hacia el sur de Europa, y meteorólogos estiman que se mantendrá unos cuatro o cinco días.
La nube de ceniza procedente de la erupción del volcán bajo el glaciar Eyjafjallajokull, en Islandia, continúa su avance hacia el sur de Europa, y meteorólogos estiman que se mantendrá unos cuatro o cinco días.
España se vio afectada, y desde esta jornada los aeropuertos ibéricos vieron cancelados 1.664 vuelos, en la tercera jornada de caos aéreo en Europa.
Eurocontrol, el organismo europeo que coordina el tráfico y la seguridad de 38 países, calculó que aproximadamente 16.000 vuelos quedarán cancelados este sábado hoy en todo el continente.
La ceniza seguirá afectando al tráfico aéreo al menos 24 horas más, y el Instituto de Meteorología de Islandia estima que su presencia en los cielos europeos puede mantenerse otros cuatro o cinco días.
Según informa el diario El País de España, al menos una veintena de países europeos tienen su espacio aéreo cerrado de manera total o parcial, mientras la nube se sigue extendiendo en todas direcciones y seguirá impidiendo numerosos vuelos como mínimo hasta este domingo, aunque nadie sabe a ciencia cierta cuándo se disipara lo suficiente y dejará de ser una amenaza para las aeronaves.
Mientras, la actividad del volcán no cesa y continúa enviando grandes cantidades de ceniza a la atmósfera. La columna de humo alcanzó los 8,5 kilómetros de altura.
Las condiciones de estabilidad atmosférica y la continuidad en la erupción harán que la nube de ceniza se extienda progresivamente hacia el sur y el sureste de Europa a lo largo de este sábado, y que "sea mayor el espacio aéreo cerrado" que en días precedentes, según Kenneth Thomas, uno de los gestores del sistema de control aéreo de Eurocontrol en Bruselas.
La nube no representa por ahora ningún problema de salud porque la ceniza se mantiene en la atmósfera, pero la Organización Mundial de la Salud advirtió que, de llegar al suelo, podría afectar a personas con problemas respiratorios.
Lo que sí supone es una amenaza para la aviación, porque las partículas flotantes pueden dañar el fuselaje de los aparatos.