Peter Robinson: »Es imposible estar en política con esqueletos en el armario»
El Primer Ministro de Irlanda del Norte admitió que cuando conoció la infidelidad de su esposa, supo que la carrera política de la primera dama y parlamentaria estaba acabada: "Le dejé claro que podía acabar esta legislatura, pero que no podría presentarse otra vez".
El Primer Ministro norirlandés, Peter Robinson, admitió que cuando conoció la infidelidad de su esposa Iris supo que la carrera política de la primera dama y parlamentaria, en Belfast y Londres, estaba acabada. "Le dejé claro que podía acabar esta legislatura, pero que no podría presentarse otra vez (a elecciones). Le dije que es imposible estar en política con esqueletos en el armario", declaró Robinson al rotativo Belfast Telegraph en la primera entrevista concedida desde que estallase el escándalo sexual y financiero de Iris Robinson.
Sobre su propia carrera política no comenta nada, dejando la incógnita de si volverá al cargo o dimitirá finalmente. Robinson, de 61 años y padre de tres hijos, abandonó el pasado lunes su cargo de ministro principal durante seis semanas para que una investigación gubernamental dilucide si estaba al corriente del dinero que su esposa Iris recibió de dos constructores para dárselo a su joven amante.
El líder unionista confesó que desde que este asunto acaparó las portadas de los medios de comunicación de todo el mundo, ha perdido más de 12 kilos, que en ocasiones se siente incapaz de enfrentarse a la vida cotidiana: "Hay días en los que, si no fuese porque hay que levantarse y lidiar con asuntos por el bien de la familia, tu instinto es quedarse en la cama, apagar las luces, adoptar la posición fetal y no volver a salir más".
Con ese dinero (unos $90.000 dólares), Iris ayudó a Kirk McCambley, un joven 39 años menor que ella, a abrir una cafetería en la capital norirlandesa, aunque cuando la relación entre ambos terminó le pidió que le devolviera parte de esa suma. El mes pasado, Iris Robinson informó de que abandonaba la política por razones de salud y, tras destaparse el escándalo sexual, y el supuesto caso de tráfico de influencias, renunció a sus escaños en el Parlamento de Londres y en la Asamblea norirlandesa.




