Gastronomía y patrimonio

¿Por qué las calles se llaman como se llaman?: “Ciudadano a pata” analizó las más extrañas y algunos barrios con nombres temáticos

En la columna sobre patrimonio y vida urbana de Ciudadano ADN, el periodista Mario Cavalla recordó las razones de los nombres de las calles más icónicas de Santiago, sus cambios a lo largo del tiempo y también los nombres más curiosos en la capital y el resto del país.

Por Ciudadano ADN
Viernes 12 de Jun, 2020 - 14:37

Con la obertura de la ópera “Carmen”, a propósito de un nuevo aniversario del fallecimiento del compositor francés George Bizet (“un eterno perdedor, que no alcanzó a ver su éxito en vida y tuvo que morirse para que esta ópera se popularizara”), partió “Ciudadano a pata”, la columna de patrimonio y gastronomía de Ciudadano ADN, con un apasionante tema para todos los interesados en el mundo de lo urbano: los nombres de las calles y los barrios con calles temáticas.

“Antiguamente los nombres de las calles respondían a una razón de ser: estar cercana a una Iglesia, o donde vivía un gran personaje. Las calles de Santiago Centro tienen esa impronta”, explicó Cavalla. Con el pasar de los años, pasó a estilarse bautizar calles con nombres de árboles o de metales, dando origen a los barrios temáticos.

Un dato curioso es el nombre de calle que más se repite en las distintas ciudades de Chile: Arturo Prat, con 243 calles repartidas a lo largo del país. Luego vienen Manuel Rodríguez con 182 y Gabriela Mistral con 179. Inmediatamente después vienen ya los tradicionales nombres de árboles o flores: Los Aromos, Las Rosas, Los Copihues. Contrario a lo que muchos podrían pensar, Bernardo O’Higgins “con todo lo importante que es, no es tan popular” a la hora de bautizar calles.

Cavalla contó cómo es, en la actualidad, el proceso de ponerle nombre a una calle: cuando una constructora levanta un condominio, ellos sugieren y la municipalidad confirma, dando cuenta de su registro de calles, “para que no se repitan”.

Calles icónicas de la capital

Las dos calles más llamativas, en este aspecto, de Santiago son para el periodista, Avenida Independencia, que otrora llevó nombres como Camino del Inca, Qhapak Ñan y Camino de Chile: haciendo referencia al ingreso desde la zona norte hacia Santiago, y de la huída del Ejército a Mendoza tras el Desastre de Rancagua.

La otra, es sin duda, la Alameda Libertador Bernardo O’Higgins, antes llamada La Cañada o Calle San Francisco, hasta que vino Bernardo O’Higgins y mandó a buscar a Mendoza 4.000 álamos para su bandejón central, en ese entonces peatonal. Además, las Monjas Clarisas, ubicadas donde hoy está la Biblioteca Nacional, vendían ahí tortas y todo tipo de delicias. Así fue como se conformó su tradicional nombre de “Alameda de las Delicias”.

También en Santiago Centro está la calle Huérfanos, que antes llevó nombres como Casa del Regente o Callejón de las Caballerizas, y que debe su nombre actual a la construcción de un hospicio huérfanos tras un brote de cólera que, a fines del siglo XIX, mató a muchas mujeres. Otra calle que tuvo denominaciones previas es Portugal, antes llamada Calle de la Maestranza o Calle de la Ollería, a propósito de la maestranza de los jesuitas y del Ejército, ubicada donde hoy se emplaza la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Chile.

La calle Santa Lucía antes se llamaba Calle del Bretón, por un ciudadano francés instalado en el Chile colonial y que, ante una orden del Rey de España de expulsar a los extranjeros, “para congraciarse, se puso a apalear indígenas, y lo condecoraron con el nombre de la calle”. La calle 21 de mayo solía llevar por nombre Nevería, ya que en el verano ahí se ponían vendedores de nieve a venderla para hacer helados  o conservar alimentos, en una época sin refrigeradores ni electricidad. Mientras, la calle Miraflores llevaba el curioso nombre de “Calle de las Recogidas”, ya que ahí había una casa que se dedicaba a la corrección de las prostitutas que daban vuelta por Santiago, “para llevarlas por el buen camino”.

La iniciativa de cambiarle el nombre a una calle tradicional, explicó Cavalla, “tiene que nacer por convención”, recordando que “se ha puesto muy de moda que a un deportista famoso le pongan altiro el nombre de una calle”. Algo parecido a lo que se avizora con la denominación popular de Plaza de la Dignidad que se le dio a Baquedano (o Plaza Italia) tras el estallido social. “Tienen que pasar años. Es un consenso y un debate bonito para explorar”.

Algunos cambios, de hecho, son bastante más resistidos por el imaginario popular. Mientras solo una parte de Avenida Pajaritos, la correspondiente a Estación Central, recuerda a Gladys Marín, a Jorge Alessandri “todo el mundo la conoce como Macul”. Lo mismo pasa por un eje central del barrio alto como es la Avenida Kennedy, y sus “muchos intentos por cambiarle el nombre y chilenizarla”, todos infructuosos.

Barrios con algo en común

En barrios más nuevos de Santiago, como San Carlos de Apoquindo, se ven barrios temáticos con nombres de flores o localidades italianas, mientras en Quilicura existe un vecindario con nombres de cepas de vino. En Huechuraba, en torno a Pedro Fontova, hay calles de pintores. “Da para mucho. Antes era más fácil, le ponías el nombre del vecino y ya con eso estab

Mucho más curioso resulta un pequeño barrio argentino con calles con nombres de Star Wars. “Han Solo con Arturito”, señala una de sus esquinas. En Maipú existen las calles Quilapayún y Abba, mientras en Quilicura hay un vecindario con calles con nombres de estadios, y en Pelluhue existe la calle Paul Walker. “El día de mañana cuando se recuerde al Ministro Mañalich, si le ponen su nombre a una calle, alguien va a recordar que hubo ministro. Pero no sabemos cómo va a ser la numeración”, reflexionó Cavalla junto a los conductores de Ciudadano ADN.

Al respecto, Cavalla propuso para Chile un barrio con nombres de música chilena. “Tener un Lucho Gatica, una Cecilia, ¿por qué no?”. Esto, mientras en Quilpué existe una calle Gato Alquinta, Pedro Aguirre Cerda homenajea en una calle a Nino García, quien vivió en la comuna, y Valdivia recuerda en una de sus arterias al futbolista Honorino Landa.

El columnista considera “muy impresentable vivir 40 años en una calle con nombre y apellido y no tener el interés de saber quién es ese personaje. Detrás de mi casa está la calle Carlos Helo, los que van a vivir en 50 años más no van a tener idea de quién era”, dijo sobre la arteria de Recoleta, anteriormente llamada Río de Janeiro.

“Ciudadano a pata”, cerró con su infaltable dato de delivery, esta vez dedicado a “Los buenos muchachos”, tradicional local de calle Ricardo Cumming que mezcla comida con bailables, y hoy está repartiendo sus carnes a domicilio, recibiendo pedidos vía Instagram. “Pido que lo apoyen porque da mucho trabajo y tiene mucho personal”, cerró Cavalla.

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