Economía

La UE aplaza a marzo el pacto por la competitividad ante la falta de consenso

Merkel y Sarkozy no logran convencer a sus socios, molestos con las formas empleadas. Varios países y los sindicatos rechazan suprimir las cláusulas salariales.

La canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, Nicolas Sarkozy, tendrán que modular su propuesta del Pacto por la Competitividad en zona euro y esperar a marzo para intentar lograr el apoyo de sus socios. Los jefes de Estado y de Gobierno reunidos en Bruselas fueron incapaces de abordar los aspectos concretos del Pacto por la Competitividad, según reconoció el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, quien aseguró que Merkel "no realizó ninguna propuesta concreta", durante la reunión. Bélgica y Austria se mostraron abiertamente en contra de alguna de las ideas.

Horas antes, sin embargo, Merkel y Sarkozy habían comparecido en una conferencia de prensa para anunciar a bombo y platillo su voluntad de alcanzar este acuerdo. "Queremos concluir un Pacto de competitividad", dijo Merkel, "y mostrar que nuestra cooperación política es cada vez más estrecha". Sarkozy por su parte fue más asertivo al señalar que "estamos de acuerdo sobre un plan estructural para aportar la respuesta a los desafíos que afectan a Europa". El presidente francés subrayó que "es un eje entre Alemania y Francia extremadamente fuerte al servicio de una ambición europea estructural que nos permita responder a los desafíos de nuestras economías".

La iniciativa alemana plantea dos tipos de problemas. Uno de método y otro de falta de respeto a la soberanía de los países. Por una parte, Merkel quiere que los compromisos se alcancen por acuerdo entre los ministros de Economía y no por el método comunitario. Ello supone un claro ninguneo de la Comisión Europea cuyo presidente, José Manuel Barroso, recordó esta semana en el Parlamento que había que respetar lo establecido en el Tratado.

El otro frente lo formaron ayer algunos Estados que se opusieron a la manera de imponer la propuesta por parte de Alemania. El primer ministro belga, Ives Leterme, mostró su total desacuerdo en la pretensión alemana de suprimir la indexación de los salarios con la inflación, que en Bélgica afecta al 96% de los trabajadores. Leterme manifestó que "los Estados miembros deben tener margen para desarrollar sus propias políticas".

Por su parte, Werner Faymann, canciller de Austria, cuyo país tiene una larga tradición de concertación social, expresó su rechazo a las "interferencias" en las negociaciones salariales. En relación con la política sobre pensiones, Faymann manifestó que "no creo posible que la Unión Europea regule a edad de jubilación porque hay grandes diferencias entre países".

John Monks, secretario general de la Confederación Europea de Sindicatos dijo que no se trataba de un Pacto por la Competitividad "sino de un pacto dañino para el nivel de vida, que se basaba en más desigualdades y más trabajo precario". En su opinión "supone ignorar todas las lecciones de la actual recesión", señalando que los déficits públicos y el aumento de la deuda son inevitables y deseables "incluso para impedir que la situación sea aún peor". Para el líder del CES, "Europa corre el riesgo de acabar con su modelo social y su principio fundamental que es la autonomía de las negociaciones colectivas".