Juan Cristóbal Guarello: El análisis del campeón
"España nunca había podido superar los cuartos de final, pero ahora fue distinto. Le vino bien la derrota frente a Suiza porque demostró que no era invencible. Por eso se rearmó y se concentró".
Creo que es un mérito de España haber ido de menos a más
Hasta este Mundial los hispanos siempre habían sufrido el camino inverso. Empezaban muy bien la primera fase, deslumbraban, pero en los partidos decisivos, generalmente en cuartos de final, perdían. A veces en partidos dudosos, como frente a Corea del Sur el 2002 o contra Italia el ‘94. Y a veces en forma estrepitosa, como ocurrió frente a Francia el 2006.
España nunca había podido superar esa barrera, pero ahora fue distinto. Le vino bien la derrota frente a Suiza porque demostró que no era invencible. Por eso se rearmó y se concentró. Así tuvo un partido normal contra Honduras y le ganó bien a Chile. Y si bien nuestra selección llegó a deslucir durante un buen rato al conjunto europeo, jugó al límite para terminar perdiendo el partido.
A partir de octavos de final España agarró tranco de campeón y le ganó a Portugal. Se puede discutir el gol de Villa, dudoso, pero ganó bien. En cuartos sufrió con Paraguay, más que nada por el oficio defensivo de los sudamericanos. Y su momento más deslumbrante lo tuvo en semifinales frente a Alemania, precisamente que venía de golear a Argentina. Una Alemania que jugaba bien y que fue aplastada por el equipo de Vicente del Bosque, no tanto en el marcador, pero sí en la cancha.
De este modo, llegó a la final. Y con el aviso de lo ocurrido a los alemanes los holandeses salieron a hacer un partido de roce, impiadoso, definitivamente a pegar. De hecho, los dos volantes defensivos de Holanda debieron ser expulsados. Sin embargo, los ibéricos ganaron sin apelación.
Me parece que España es un campeón justo, un campeón que no se puede discutir, aunque hoy no sea un campeón brillante como hace tres meses cuando era un equipo implacable. Recuerdo el amistoso que jugó con Francia en París, fue un baile de los que no se olvidan.
España tiene una identidad de juego, le gusta manejar la pelota a ras de piso, aplica muy poco el pelotazo, divide muy bien los balones, levanta poco la pelota, cuenta con una línea de volantes equilibrada y luchadora. En fin. España es un equipo extraordinario en el equilibrio de sus jugadores y es un justo campeón.
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