Ciudadano a Pata: Bibliotecas de otro siglo en el gran Santiago
Abril es el mes del libro. Por ese motivo, Mario Cavalla dedicó su columna a dos icónicos centros literarios de la capital.
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AUDIO: Ciudadano a Pata: Bibliotecas interesantes en el gran Santiago
En el Ciudadano ADN tuvimos una nueva edición de Ciudadano a Pata, en donde Mario Cavalla celebró la llegada de abril, el mes del libro.
«Si bien el 23 es el Día Internacional del Libro, ya ahora se habla derechamente como el mes del libro», comenzó diciendo el periodista, quien luego explicó que dedicará su columna a las bibliotecas de Santiago.
Así, mencionó en primer lugar a la Biblioteca Nacional, ubicada en el centro de la capital, un lugar que de acuerdo al columnista del Ciudadano ADN, «tiene larga data».
«Viene más o menos del 1813 y fue Bernardo O’Higgins quien lo pone un poco en perspectiva de esta situación de empezar a copiar todos los documentos y libros que existían dentro del imaginario. Lo primero que hace, es tomar todo lo que habían recopilados los jesuitas, a quienes los habíamos echado a patadas, y empieza a recolectar todo lo que ellos tenían en ese minuto en cuanto a documentación y libros», explicó.
En línea con lo anterior, el Ciudadano a Pata añadió que «en 1925 es que se construye este espacio que conocemos en La Alameda con Miraflores, que era antiguamente el Convento de Las Monjas Clarisas».
Como dato a parte, Cavalla aprovechó de explicar que lo anteriormente mencionado explica el origen de la expresión «Alameda de las delicias», «porque las monjitas eran buenas para hacer dulces, eran pasteleras buenas».
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Un portal al año 1800 en la Biblioteca Nacional
Por otra parte, Mario Cavalla se refirió a La Sala Medina, un lugar ubicado en el segundo piso de la Biblioteca Nacional y bautizado así en honor a José Toribio Medina.
«Esa sala tiene todo el archivo bibliográfico de este señor, que fue investigador, académico y que es el responsable de que mucha de la información que tiene hoy día el archivo nacional con respecto a la historia de Chile, haya sido recolectada por él en el extranjero», relató.
Para Cavalla el trabajo de José Toribio Medina era algo de ensueño. «Tuvo la pega más fantástica que uno puede tener. ‘Oiga, amigo váyase por el mundo, a Estados Unidos o por Europa con un pasaje sin destino de vuelta definido y en el fondo lo único que usted tiene que hacer es recolectar dónde hablan de la historia chilena. A manito, se iba con cuaderno y empezaba a escribir todo lo que él sabía y encontraba con respecto a nuestra historia chilena», comentó.
«Finalmente Medina dejó en su testamento que una vez que muriera, él iba a donar toda su colección a la Biblioteca Nacional. Y en homenaje a él se construyó esta sala, que está en el segundo piso y que es de una belleza, de un mobiliario del 1800…realmente es una experiencia maravillosa, hay un reloj ahí precioso», agregó.
La biblioteca de Los Dominicos, el tesoro de Recoleta
«En alguna oportunidad, cuando con Santiago a pata hacía el recorrido secreto de Recoleta, siempre teníamos la experiencia, que era única, de poder ojear libros del 1500 y 1600″, relató Cavalla refiriéndose a la Biblioteca de Los Dominicos, lugar que data desde el año 1753, desde que se instalan los curas Dominicos en el sector de La Chimba.
De acuerdo al periodista, el fondo literario de la Biblioteca de Los Dominicos bordea los 100 mil volúmenes y «tienen cosas realmente valiosas».
«La colección ahí te abarca desde el siglo XVI hasta el siglo XIX. Tienes cosas de música, de filosofía, de religión, de botánica, por ejemplo. Ellos tienen la primera edición del libro La Odisea, en español. También tienen una primera edición de La divina comedia, de Dante Alighieri, que fueron encargos que hizo Felipe II, el rey de España. También podemos encontrar incluso una primera edición de El Quijote, de 1615″, expuso el columnista en conversación con Ciudadano ADN sobre el mes del libro.




