Cultura y Educación

Gen Ciudadano: el origen y la numerosa presencia en Chile del apellido Soto

La nueva sección de Ciudadano ADN revisa la genealogía de los apellidos más comunes de Chile, y está a cargo de un experto en la materia: el investigador Cristián Cofré.

Por Ciudadano ADN
Miércoles 11 de Nov, 2020 - 23:02
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“Gen ciudadano” es el nombre de la nueva columna de Ciudadano ADN, que revisa un fascinante y poco estudiado tema: la genealogía. Para inaugurarla, el experto Cristián Cofré revisó el origen de uno de los apellidos más comunes de Chile: Soto.

Según los datos de Cofré, se trata del sexto apellido más común en el país, y su nombre hace alusión a un bosque. “Muchos tomaron el apellido del lugar en que estaban”, explicó el panelista, como un indicio del por qué se tornó, desde sus inicios, un apellido tan recurrente.

En nuestro país, la mayoría de los Soto provienen de las mismas ramas, y se concentran en dos regiones: la zona de Puerto Montt, Calbuco y Doñihue, así como Coltauco en la Región de O’Higgins. Estas ramas provienen desde la época de la Conquista, y además, descendientes de pueblos originarios lo tomaban porque “era un apellido que estaba muy difundido”. Lo mismo ocurría con los descendientes de esclavos que se traían a Chile desde África. 

Una versión aparentemente más sofisticada que Soto es el apellido Sotomayor, que de hecho, significa “bosque grande”. Según explicó Cofré, hubo personas que con el correr de los años se quitaron el Mayor y quedaron en Soto, ya que se trataba de un “apellido más fácil”. Eso contribuyó a que mucha gente lo tomara, pese a que no es el más común: ese lugar lo ocupa González.

Entre los iniciadores del linaje Soto destaca la figura de Pedro de Sotomayor, quien nació en 1630 en Santiago y se trasladó a vivir a Doñihue. Entre las anécdotas de este fundador se incluye el hecho de que “firmaba Soto en una línea y Mayor abajo”, según relató Cofré.

Pedro de Sotomayor tuvo alrededor de 10 hijos, y esos hijos a su vez tuvieron 10 hijos cada uno, contribuyendo a esparcir la popularidad del apellido. Uno de ellos, Jacinto, se fue a vivir a Las Cabras, “y por eso en esa localidad hay muchos Soto, descendientes de él”. 

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La mayoría de esos descendientes son Soto, pero hay una línea que persistió con el apellido Sotomayor: un tataranieto de Pedro de Sotomayor se casó con una maulina y se fue a vivir a Linares: Dionisio Soto, quien además fue un importante independentista, cercano a Bernardo O’Higgins y comprometido trabajador por la causa patriota. Por estos menesteres fue que O’Higgins lo nombró gobernador de Linares, y en ese momento, retomó el uso del apellido Sotomayor.

Sin embargo, tras la revuelta de 1823, en la que O’Higgins pierde su cargo, el desorden generalizado fue aprovechado por los bandidos de la época, entre ellos los hermanos Pincheira, que con sus montoneras empezaron a atacar y saquear las ciudades, “y le tocó a Linares”. Una hija de Dionisio, Clara Sotomayor, hizo lo que pudo para que no lo mataran, pero no tuvo éxito: su padre fue asesinado y a ella la llevaron cautiva a Neuquén. Para evitar la deshonra, se tuvo que casar con el bandolero Zapata. Una vez que Los Pincheira fueron capturados por el coronel Beaucheff, a Clara le ofrecieron volver a Linares, pero no quiso volver. Según consignó la escritora Magdalena Petit en su novela sobre Los Pincheira, Clara “se habría enamorado de Zapata, una especie de síndrome de Estocolmo”.

El apellido Soto mantiene su masividad hasta el día de hoy, desde cantantes como Fresia Soto, Carolina Soto o Paloma Soto, hasta varios diputados de apellido Soto -como Raúl Soto Mardones, del distrito de Rengo y Doñihue, “sospechoso de ser descendiente de este Pedro de Sotomayor”-, a figuras como el doctor Ricardo Soto, el exgeneral de Carabineros Hermes Soto, o dichos presentes en el diccionario de vulgaridades nacionales como “la pensión Soto”.

Todos estos descubrimientos son parte del trabajo diario de Cofré, que se basa en intensas investigaciones al interior del Archivo Nacional, donde es posible bucear en información familiar de siglos pasados. “Uno va armando esta configuración social del lugar”, contó Cofré, quien aseguró que “hay cada vez más gente interesada en conocer sus orígenes. Me escriben harto consultándome por estudios familiares o nacionalizaciones”, muy útiles a la hora de optar a becas o residencias en países de Europa.

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