Cultura y Educación

“Ciudadano a pata” recordó al gran clásico del teatro chileno: “La pérgola de las flores”

La columna de cultura, patrimonio y gastronomía de Ciudadano ADN recordó la obra de Isidora Aguirre, estrenada en 1960 y reversionada en sucesivas ocasiones, siempre con lo más granado del teatro nacional. También incluyó en la “cápsula retro”, las leches en botellas de vidrio, comunes en las casas chilenas de varias generaciones.

Por Ciudadano ADN
Viernes 04 de Sep, 2020 - 21:08

“Yo vengo de San Rosendo, a vivir a la ciudad”. Pocos chilenos, al menos entre las generaciones adultas, fallan al tararear este icónico verso, proveniente de una de las obras más típicamente chilenas de la historia. Estar en pleno septiembre fue la excusa de “Ciudadano a pata”, la columna de cultura, patrimonio y gastronomía de Ciudadano ADN, para recordar el que quizás es el gran clásico del teatro chileno: “La pérgola de las flores”.

El montaje, según recordó el periodista Mario Cavalla, tiene el mérito de juntar a “dos genios del campo de la cultura nacional” como fueron Isidora Aguirre (dramaturga) y Francisco Flores del Campo (creador de la música) quienes “juntos son dinamita”. El montaje se estrenó por primera vez en 1960 en el Teatro Camilo Henríquez, “sin mayores pretensiones, en una época en que el teatro musical no estaba desarrollado en Chile”.

Además, tiene un valor histórico que quizás es desconocido para las nuevas generaciones: La pérgola de las flores existió, en el bandejón central de la Alameda, frente a la Iglesia San Francisco. La obra volvió parte del alma nacional a ese espacio de mujeres trabajando, “un verdadero matriarcado”, amenazado por la transformación de la ciudad a fines de los años 20: cuando comienzan a correr vehículos por la Alameda, las autoridades decidieron ensancharla. Ese hecho real ocurrido en 1929, donde se intenta sacar a las pergoleras de la Alameda para llevarlas a Avenida La Paz, donde se ubican hasta el día de hoy, ilustró una puja entre la clase trabajadora y la clase dirigente que vela por sus intereses.

Cuando Isidora Aguirre decide trabajar a fondo el argumento de “La Pérgola de las Flores”, se involucró con las pergoleras, en un proceso de investigación que lo llevó a tener una gran cercanía con Berta Valdivieso, la presidenta del sindicato de pergoleras, personaje clave en la creación, y que cuenta entre sus curiosidades con ser la abuela del conductor de Radio ADN, Antonio Quinteros.

El estreno de la obra contó con la presencia solo de algunas autoridades, pero la “presencia total” de las pergoleras de San Francisco con sus familias. Ahí pisaron el escenario de la Sala Camilo Henríquez las “protagonistas mujeres más grandes de su generación”: Ana González, Silvia Piñeiro, Carmen Barros, acompañadas de Héctor Noguera, Hernán Letelier y Mario Montilles.

En las sucesivas versiones estuvieron glorias del teatro como Yoya Martínez, Cora Díaz y Emilio Gaete, quizás el más recordado “alcalde de Santiago”. Porque a lo largo de estos 60 años hubo muchas versiones, incluida una en el cine, protagonizada por Antonio Prieto. Otra versión televisiva contó con Pedro Messone y Fresia Soto como Carmela. Según recordó Cavalla, “ser Carmela era un desafío para las actrices, una especie de postgrado”. Entre las que interpretaron ese papel estuvieron, en distintas generaciones, estuvieron Mónica de Calixto, Marcela Medel y Amaya Forch. Cavalla eligió su favorita: “Me quedo con Marcela Medel, que le dio esa picardía de mujer chilena”.

“Lamentablemente sucede con los artistas, que cuando crean obras tan importantes, no se les reconoce”, reconoció Cavalla a propósito de la figura de Isidora Aguirre, quien además de dramaturga fue escritora. Lo mismo pasa con Francisco Flores del Campo, también con una importante carrera como actor, que lo llevó incluso a escenarios en Nueva York. Pero un nuevo 18 de septiembre es, sin duda, una oportunidad para “poder revisitar y atesorar “La pérgola de las flores” como corresponde”.

Cápsula retro: La leche nuestra de cada día

Cavalla se reconoce de esa generación de chilenos que “alcanzaron a reconocer los estertores” de la época en que el lechero dejaba botellas de vidrio en la casa, reponiéndola cada dos o tres días, proceso que fue reemplazado por una gran sofisticación en los envases.

Uno de los más recordados tenía una textura “como de almohadilla”, con el que “siempre tenía miedo de apretarlo mucho, pensando en que se podía reventar”. Bajo ese envasado, el consumo de esa leche estaba permitido para apenas 10 días.

Todo terminó cuando la marca LoncoLeche sacó el hoy cotidiano envase tetra pack, que permitió que la leche durara “más de tres semanas”. En esa época, el Ministerio de Salud, “quizás desconociendo la tecnología, muy saltón les dio ese plazo”: hoy, lo normal es que una caja de leche pueda durar cuatro meses o más.

La época también permitió que surgieran nuevas variedades de leche. Para Cavalla, la leche chocolatada “sigue siendo la reina”, pese a los “intentos re malos” de leche con sabores como frutilla o plátano.

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