El día después de Elicura Chihuailaf, Premio Nacional de Literatura: «Me encantaría que fuera una puerta hacia un Chile pluricultural, que asuma su hermosa morenidad»
Desde Asturias, el poeta, escritor y oralitor mapuche conversó con Ciudadano ADN, entregando sus impresiones luego de llevarse el codiciado Premio Nacional. Un premio que, enfatizó, "no lo otorga el Estado. Son mis pares quienes me lo otorgan".
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«Me encantaría que fuera una puerta, pero es al menos una ventana» para el entendimiento entre la chilenidad y lo mapuche, expresó en Ciudadano ADN el poeta, oralitor y ahora Premio Nacional de Literatura, Elicura Chihuailaf, sobre ese reconocimiento que acaba de recibir. «Es muy necesario que Chile asume su pluriculturalidad, y este es al menos el inicio».
«Anoche, leyendo una infinidad de WhatsApp y páginas de mensajes en mi correo, sentí la cercanía de mi gente», contó el poeta, que se define como «más que intelectual, soy un ser emocional. Dormí tres horas, antes de eso miré el valle, vi que asomaba lejana la luz y lloré».
Para el autor, este Premio Nacional se trata de una oportunidad en la que «Chile podrá ver los vasos comunicantes con sus pueblos nativos, y constatar que todo aquello que se dejó de lado, lo resultante fue la pandemia». Esa conexión con la naturaleza, muy visible en su literatura, es para él «como vivir con la madre y el padre: cuando comenzamos a soñar nos dan todo lo que necesitamos para vivir y nos entregan la ternura. Hay una reciprocidad que se ha perdido en el afán de este sistema que codifica todo».
El Premio Nacional pone a Chihuailaf en la primera línea de los autores chilenos, lo que sin duda aumentará sus niveles de lectura. «Yo he tenido la suerte de que mis libros siempre tengan muchas ediciones, y la alegría de que sean pirateados», expresó sobre un fenómeno que le «encanta», ya que «necesito los recursos de la venta de mis libros, soy poeta pero no tanto, pero también comprendo que no es solo mi voz, en mi habla y mi escrito va el caudal de sabiduría de mis antepasados».
Un premio simbólico para el pueblo mapuche, que ha sufrido «la violencia del Estado y de un pequeño grupo de depredadores». Violencia que ha sido constantemente denunciada por el arte y la literatura: el poeta citó a Gabriela Mistral, Pablo Neruda y Pablo de Rokha con «La tragedia de Arauco» («un libro tremendo, descarnado»), además de los músicos Violeta Parra y Víctor Jara. «Tampoco se ha escuchado la voz de los adelantados y adelantadas de Chile, que han contado la historia verdadera de nuestro pueblo. «La Araucana» también ha tenido una lectura sesgada-. Ahí se hablaba de que ‘no se vaya a creer que un pueblo tan dado a la disciplina y a la sabiduría iba a elegir un jefe por la fuerza y no por el seso’, sobre Kallfulikan (Caupolicán), que era un hombre que ejercía el arte de la conversación».
Un premio lejos del Wallmapu
Chihuailaf recibió la noticia del premio en la ciudad española de Asturias, donde está junto a la familia de su compañera, aunque añora a su Wallmapu, al que espera volver pronto, tras sucesivas suspensiones de vuelos. «Tenía un tercer pasaje para principios de agosto, pero siguen las dificultades. Dado que la empresa Latam sigue cancelando reservas, reclamaremos desde Chile y volveremos por otra empresa». Según el poeta, «como dicen en el mundo profundo chileno, la casa es un lugar que no se elige, pero se tiene que amar porque solo se ama lo que se conoce, y cuando se ama se respeta. Se puede pensar que la biblioteca es una casa, donde sus hombres y mujeres pusieron lo mejor de sí en esas páginas».
Esa casa lo vincula directamente con sus «nuestros hermanos en huelga de hambre», a quienes visitó para entregarles palabras de aliento. «Que sigan vivos, los queremos vivos», expresó, llamando a que «aquellos que ven violencia donde no la hay, cómo quisiera que escucharan la conversación entre su espíritu y su corazón y no pueden pedir que terminen la violencia si ellos no terminan con la suya».
El Premio Nacional de Literatura es, para muchos, una instancia que vincula a los premiados con el Gobierno, pero Chihuailaf enfatizó que «el premio no lo otorga el Estado, lo instaló el presidente Pedro Aguirre Cerda, un profesor que dijo gobernar es educar. Y aquí había un jurado de autoridades universitarias, escritoras y escritores, y la anterior Premio Nacional (la escritora Diamela Eltit). Son esas las personas que me dieron el premio. Son mis pares quienes me lo otorgan».
La postulación de Chihuailaf fue impulsada por la Universidad de La Frontera, a la que luego se sumó la Pontificia Universidad Católica, en un año donde hubo un amplio trabajo, por parte de colectivos de autoras, para que el premio fuera destinado a mujeres poetas. «Me parece absolutamente legítimo», expresó el autor. «Nosotros, como pueblos nativos, pensamos que las mujeres son nuestras compañeras de ruta. Ellas tienen la emocionalidad que puede llevar por buen camino a la racionalidad. Las postulantes todas tenían su mérito. Lamentablemente, la frecuencia de este premio no es la que debiera ser. Debiera ser todos los años. Pero no hay ningún solo miembro de pueblos originarios en ninguna de las categorías de los Premios Nacionales que haya obtenido el premio».
Por eso, Chihuailaf insiste en que este premio permitirá enfatizar el camino «hacia un Chile pluricultural, que asuma su hermosa morenidad con todo lo que ella implica». Un cambio para el que es imprescindible «el cambio de la Constitución, porque ya no da para más. Hay que comenzar a vivir en una verdadera democracia, que no es un pequeño grupo llamado a dictar normas, es un pueblo pluricultural que se da un destino, donde haya espacios para permanentes opiniones de todos los sectores». Chihuailaf espera también que en ese proceso «haya constituyentes de los pueblos nativos en el porcentaje que les corresponde».
Consultado por el legado que dejará su figura como poeta, asegura que no quiere volverse un monumento. «Hay un monumento del que me gustaría ser parte, y es la memoria, no el objeto. Cuando dicen ‘los mapuches desprecian la cultura, no dejaron monumentos’ es porque no la conocen, porque ha habido un olvido de la importancia de la palabra, de la conversación. El monumento más importante para nuestra cultura es sacar permanentemente brillo a la palabra», enfatizó.
Finalmente, el poeta expresó que, tras la recepción de este premio, «me emociona mucho el cariño que he sentido, de la gente mía mapuche, y la gente chilena, que dialoga en mi espíritu y en mi corazón».