Miguel Littin, amigo de Luis Sepúlveda: «En Chile basta con morirse para que te reconozcan»

El experimentado cineasta recorrió en Ciudadano ADN su estrecha amistad con el recientemente fallecido escritor, quien fue guionista de su película "Tierra del Fuego".

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AUDIO: Ciudadano ADN - Miguel Littin, amigo personal de Luis Sepúlveda: "Él quería ser como Hemingway, y yo creo que es el Hemingway chileno"

Un profundo impacto en el medio artístico nacional causó la noticia de la muerte del escritor Luis Sepúlveda, por complicaciones del coronavirus. Entre sus amigos y colaboradores está el afamado cineasta Miguel Littin, quien se declaró «muy triste. Fue un golpe duro que trajo la madrugada. Me cuesta concebir que él no esté, un hombre tan vigoroso, lleno de vida y de proyectos».

En conversación con Ciudadano ADN, el director recordó que su lazo con Sepúlveda se consolidó durante su película «Tierra del Fuego», de la que el fallecido escritor fue guionista. Ese proyecto les permitió descubrir su admiración en común por el escritor Francisco Coloane, en cuya obra el filme estaba basado. «Lucho tenía una fascinación muy especial por la Patagonia. Era el final del mundo, decía él. Hicimos muchos planes juntos».

Reconocido como gran conversador, Sepúlveda era «un gran amigo de sus amigos, con la lealtad como uno de sus principios fundamentales», según lo recordó Littin. «En Paris, estábamos en su departamento, de repente miró por su ventana y dijo ‘mira, Miguel, mira’ y la ventana se quebró. Por ese hueco entró toda la luz de Paris. Y nos reímos mucho, porque parecía un artilugio de magia, de escritores».

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«Conversábamos mucho. Tenía una gran admiración por el presidente Allende, y contaba que había estado en su guardia personal», continuó Littin. «También se acordaba mucho de su abuelo, un anarquista asturiano que había estado en Chile, y de ahí sacaba sus frases ‘yo nací rojo y me quedaré rojo'». En palabras del cineasta, Sepúlveda era «un hombre muy vigoroso, podría haber sido leñador, arquitecto, jugador de fútbol, o marinero mercante. Y ese mismo vigor lo ponía en la literatura. Escribía muy temprano, golpeaba fuerte las teclas del computador».

Littin también reflexionó sobre la pandemia del coronavirus que azota al mundo, desde su cuarentena en Palmilla, en su natal provincia de Colchagua. «Desde el primer día nos vinimos para acá. Miro por la ventana del jardín de mi casa cómo crecen las flores, y la naturaleza muestra una fuerza inusitada. Todo está creciendo a una velocidad impresionante. Es realismo mágico». Lo que más impresiona a Littin es que «sin embargo el hombre no está, estamos todos aislados en las casas, en un silencio profundo. Es como si todas las mañanas te despertaras frente a un día muy largo, como esos días del norte de Europa donde no aparece la noche. El tiempo no transcurre y la angustia sigue siendo muy grande».

El cineasta se mostró preocupado por sus vínculos, de los que hoy está físicamente lejos producto de la pandemia. «Todos tenemos un pariente fuera. Yo tengo una nieta en Boston estudiando y otra en Buenos Aires, mis hijos están en Los Angeles. Y pienso en ellos, en cuándo nos vamos a ver. Y la gente en Chile tienen angustias similares, de cuándo van a estar con sus seres queridos». También le alarma el estado de la industria cinematográfica, virtualmente detenida producto de la crisis: «Ya las ayudas eran escasas y mezquinas, ahora ya no hay nada», expresó, preocupado porque «no creo que, cuando pase este virus malvado, la sociedad vaya a regresar a lo mismo de antes. Vamos a sufrir cambios estructurales muy grandes, y eso me preocupa, por la convivencia».

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Por mientras, se concentra en sus proyectos profesionales. Su última novela, titulada ‘Los murmullos de la ausencia’, «no la hemos podido sacar porque no se puede lanzar. Yo decidí que la sacáramos online y gratis, para que la gente la lea», anunció. En paralelo, sigue trabajando todos los días con la Universidad de O’Higgins, con clases y tutorías. Al mismo tiempo escribe sus memorias. «Viví tanto y conocí tanta gente, que hay que dejar algo. Y pinto, pinto mucho. Horas y horas. No me importa si bien o mal. Lo importante es que atrapo vida y me llena de entusiasmo».

Sobre Sepúlveda, piensa que «a partir de ahora lo van a reconocer, porque en Chile basta con morirse para que te reconozcan. Es un problema nacional». Littin considera que el escritor «fue muy ninguneado por la crítica literaria, sin embargo los lectores lo amaban. ‘El viejo que leía novelas de amor’ era una pasión de la gente, hay gente que lo ha leído muchas veces. Él tuvo el amor del lector, que era el que le importaba». Sin embargo, recordó, «Lucho era muy duro y tenía sus opiniones sobre los que lo ninguneaban. Pero queda la obra, y la obra fue fecunda, ha sido y seguirá siendo leída. El artista traspasa la muerte física. Pero uno lamenta la muerte del amigo. Ya no está el amigo con el que te vas a tomar una copa de vino o comer un pedazos de queso, con el que vas a hablar bien de unos o mal de otros. Yo creo que él quería ser como Hemingway, y es nuestro Hemingway chileno».