Donald Trump da pie atrás y suspende transmisión en vivo de la ejecución del tirador de Fort Hood
Tras una ola de críticas, el gobierno estadounidense canceló el polémico streaming del fusilamiento de Nidal Malik Hasan programado para este 3 de diciembre.
GETTY IMAGES / Tom Williams
El presidente Donald Trump confirmó este jueves que el Pentágono no transmitirá en vivo la ejecución por fusilamiento de Nidal Malik Hasan, autor de la masacre de Fort Hood. La decisión de la Casa Blanca revierte el polémico anuncio realizado a principios de mes por el secretario de Defensa, Pete Hegseth.
La cancelación del streaming se concretó luego de que la iniciativa generara un fuerte rechazo transversal, tanto en las filas republicanas como demócratas. Múltiples voces del mundo político advirtieron que la difusión de las imágenes del fusilamiento podría ser utilizada por agrupaciones extremistas para fomentar la radicalización.
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A través de sus redes sociales, el mandatario estadounidense defendió la idea original asegurando que televisar el procedimiento “podría haber sido un fuerte elemento disuasorio para que el mundo viera cómo Estados Unidos trata a terroristas y escoria como Hasan”. Sin embargo, reconoció que “muchas personas muy buenas y bienintencionadas” preferían no presenciar la muerte por ningún medio visual.
El rechazo de JD Vance a la transmisión desde Fort Hood
El portavoz principal del Pentágono, Sean Parnell, aclaró que la decisión de cancelar los planes de transmisión fue discutida y acordada previamente entre Trump y Hegseth. Pese a este cambio logístico, el cronograma oficial se mantiene inalterable y la ejecución militar está ratificada para el próximo martes 3 de diciembre.
Como parte del nuevo protocolo, el gobierno detalló que el acto no tendrá carácter público general, pero mantendrá un espacio reservado para los afectados directos. El jefe de Estado precisó que los familiares de las víctimas del tiroteo podrán presenciar la ejecución en persona, exclusivamente “si así lo desean”.
Las críticas internas dentro del propio oficialismo también jugaron un rol determinante. El vicepresidente JD Vance, al ser consultado sobre cómo compatibilizaba esta exhibición con su fe católica, fue tajante. “Si al final se transmite en directo, no lo voy a ver”, aseguró la autoridad, recordando de paso que el condenado asesinó brutalmente a personas inocentes.
La objeción del vicepresidente se alineó con la histórica postura de la Iglesia respecto a la pena capital. Durante los días previos a la cancelación, el presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, el arzobispo Paul S. Coakley, había exigido reconsiderar la medida gubernamental tras calificarla como una “promoción bárbara de una cultura de la muerte”.