Política

Reforma al Sistema Político entra en su recta final, pero persisten dudas sobre los cambios estructurales

El Congreso votará una Reforma que trae mayores exigencias y disciplina, pero no aborda el financiamiento y la elusión de umbrales.

Cámara de Diputados / Oscar Guerra

La Reforma al Sistema Político será una de las materias que quedarán para después de Fiestas Patrias. El Gobierno le puso suma urgencia y el Congreso podría despacharla la próxima semana, luego de que una Comisión Mixta resolviera la única diferencia que mantenían la Cámara de Diputados y el Senado.

El único punto pendiente estaba relacionado con las declaraciones de principios que deberán contener los partidos políticos. La fórmula aprobada establece que las colectividades deberán condenar el establecimiento de sistemas totalitarios y el uso, propugnación o incitación de la violencia como método de acción política, y también deberán expresar su compromiso con la probidad y la transparencia.

Lo ya aprobado de la Reforma al Sistema Político eleva las exigencias para constituir partidos políticos, aumenta los requisitos de afiliación y exige una mayor presencia territorial; limita la presencia de independientes dentro de las candidaturas parlamentarias de los partidos y fortalece la estructura de los comités parlamentarios y la disciplina interna de las bancadas.

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Además, establece consecuencias para parlamentarios que abandonen sus partidos: la colectividad de origen conserva el aporte estatal asociado a ese parlamentario y el eventual cambio de comité no significa recursos adicionales para la nueva bancada.

En términos generales, el proyecto busca hacer más difícil la aparición de nuevas fuerzas políticas y, al mismo tiempo, fortalecer la disciplina de quienes ya están en el Congreso.

Cambios que sobran, y cambios que faltan

Pero este tipo de proyectos tiene fuertes detractores en el Congreso. El Diputado Jaime Mulet (FRVS) asegura que la iniciativa “de alguna manera, cierra el sistema o lo dificulta mucho para constituir nuevos partidos políticos”.

Mulet, presidente de la comisión de Constitución, pone énfasis en el impacto sobre los partidos regionales, porque “prácticamente elimina los partidos regionales, que estén en tres regiones ahora exige ocho, y eleva la cantidad de firmas para constituir un partido y de afiliaciones”.

Pero, mientras Mulet cuestiona el cierre de la puerta a nuevas fuerzas políticas, desde el oficialismo la discusión apunta hacia otros cambios.

El jefe de bancada del Partido Republicano, Benjamín Moreno, sostiene que el sistema político requiere modificaciones estructurales y menciona dos en particular: reducir el número de diputados y eliminar los pactos electorales, pero también reconoce que avanzar en esa dirección requiere contar con las mayorías necesarias dentro del Congreso

El problema de los incentivos

Pero el problema de fondo, como en muchos problemas internos del Congreso, y de la política nacional, es que las leyes las votan quienes se autorregulan, y ponen sus propios incentivos sobre la mesa.

Para Karin Moore, coordinadora legal de CLAPES UC, la Reforma modifica las condiciones de entrada al sistema, pero deja sin resolver algunos de los incentivos que contribuyen a la fragmentación política. Entre ellos, quedan afuera el financiamiento público de los partidos, las reglas internas de las colectividades y la ausencia de mecanismos que impidan eludir un eventual umbral electoral.

“De hecho, hay dos partidos que siguen vivos por un fallo del Tricel, no por sus votos (Evópoli y el FRVS). Y mientras eso no cambie, el sistema va a seguir produciendo justamente la dispersión que decimos querer corregir”, reconoce Moore.

La experta, además, propone abordar el problema en dos etapas: aprobar ahora el acuerdo de la Comisión Mixta y comprometer una segunda etapa de reformas durante 2027, aprovechando que las ventanas electorales están cerradas. “Al acercarse el 2029, el incumbente volverá a legislar para sí”, advierte.