¿Qué es la indefensión aprendida? la razón por la que los hombres están renunciando a las relaciones de pareja
La psicologa Laura Moreno, experta en relaciones de pareja, explica el peligro de que hombres y mujeres dejen de verse como compañeros posibles.
¿Qué es la indefensión aprendida? la razón por la que los hombres están renunciando a las relaciones de pareja / Klaus Vedfelt
Está malo el mercado. Ya no hay hombres. Son todos princesos. Son algunas de las frases que populan en los comentarios de redes sociales, con la crítica femenina de que ya no hay hombres disponbles para tener relaciones sentimentales a su altura.
Junto a esto, también es cada vez es más común escuchar sobre hombres que, aun deseando tener una pareja, deciden apartarse por completo del mercado sentimental. Según explica psicóloga experta en relaciones de pareja, Laura Moreno, no se trata simplemente de mala suerte o de una mala racha en citas, sino de algo mucho más profundo: “una cosa es estar solo y otra muy distinta es renunciar al amor”. Esta alarmante desconexión está reconfigurando las relaciones afectivas en la actualidad.
La experta señala que los hombres se sienten inmersos en una constante e invisible evaluación social. Esta presión interna les hace interiorizar una creencia sumamente destructiva: “No merezco ser querido por quien soy, sino merezco ser querido por lo que soy capaz de demostrar”. De esta forma, la espontaneidad y la naturalidad quedan sepultadas bajo una insoportable autoexigencia.
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Este cansancio psicológico no se gesta únicamente durante el noviazgo, sino que es un peso que arrastran desde mucho antes de comenzar un vínculo. La especialista advierte con claridad que “muchos hombres no llegan agotados a la pareja solo por lo que les pasa en la pareja, llegan ya tocados de antes”. Sienten que su valor depende exclusivamente de su capacidad para proveer, sostener y proyectar éxito de forma ininterrumpida.
Las reglas confusas de la conquista moderna
A este agotamiento de base se le suma un panorama social plagado de expectativas contradictorias que confunden y paralizan a la población masculina. “Se les pide que tengan iniciativa pero sin incomodar a las mujeres, que tengan carácter pero sin imponerse a ellas, que sean seguros pero ojo que no parezcan arrogantes”, afirma detalladamente la psicóloga. Cualquier movimiento erróneo puede costarles una etiqueta sumam ente devaluada o punible.
Este confuso escenario genera que los hombres deban calcular fríamente cada uno de sus movimientos, eliminando la fluidez del juego de la seducción. Para Moreno, la raíz del problema radica en esta falta de claridad conductual: “lo difícil lo puede soportar, lo confuso es lo que desgasta muchísimo más”. Al no haber reglas de juego claras, el miedo a equivocarse termina imponiéndose y paralizando todo intento de acercamiento.
Iuliia Bondar
Un juego peligroso de alto riesgo emocional
La decisión de no volver a intentar entablar una relación sentimental surge como un mecanismo defensivo para resguardar la salud mental. La psicóloga explica que, bajo este tenso panorama, “la pareja deja de vivirse solo como posibilidad afectiva, empieza a vivirse como exposición y al final empieza a vivirse como un alto riesgo”. Las graves consecuencias de una eventual ruptura conflictiva asustan y alejan a los hombres.
Esta prolongada sensación de desprotección y vulnerabilidad desemboca directamente en un estado de indefensión aprendida. Muchos hombres eligen la retirada definitiva de la búsqueda romántica “no porque no quieran amar, sino porque sienten que el coste emocional de intentarlo es altísimo”. Prefieren renunciar al afecto antes que continuar sometiéndose a una permanente evaluación que consideran injusta.
Finalmente, Moreno advierte con preocupación sobre el impacto que este distanciamiento provoca a nivel social, transformando la convivencia diaria. La experta lamenta que “hombres y mujeres dejan de verse como compañeros posibles y empiezan a verse más como problemas potenciales el uno al otro”. Recuperar la confianza mutua y la complementariedad es indispensable para sanar y evitar una fractura relacional irreversible en la sociedad.