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El ministro que escribe cuentos y cita a Borges: así es la desconocida faceta literaria de Jorge Quiroz

El titular de Hacienda del gobierno de José Antonio Kast es economista, escritor y lector, y durante sus intervenciones públicas ha recurrido a autores como Borges, Flaubert, Julian Barnes y Ortega y Gasset para explicar sus ideas y responder a las críticas. En 2015, además, publicó un libro con 15 cuentos ambientados en distintos episodios de la historia de Chile.

21 DE JULIO DE 2026 / VALPARAISOFOTO: OSCAR GUERRA/UNO NOTICIAS

21 DE JULIO DE 2026 / VALPARAISO FOTO: OSCAR GUERRA/UNO NOTICIAS / Oscar Guerra

Jorge Quiroz Castro, ministro de Hacienda del gobierno de José Antonio Kast y uno de los principales impulsores de la megarreforma económica y tributaria aprobada el pasado 4 de agosto, ha sorprendido durante sus primeros meses en el cargo por una faceta que va más allá de las cifras: su vínculo con la literatura.

El economista de 62 años suele recurrir a escritores y obras literarias durante sus intervenciones públicas, alternando referencias a figuras como Joseph Schumpeter y Adam Smith con citas de Borges, Ortega y Gasset, Huidobro, Nicanor Parra, Julian Barnes y Flaubert.

La literatura no es un recurso improvisado para Quiroz. En 2015 publicó “Cuentos pendientes”, un libro compuesto por 15 relatos en los que aborda distintos episodios de la historia política, económica y social de Chile durante las últimas seis décadas, mezclando elementos de ficción con hechos de la realidad.

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Uno de esos cuentos es “Dry Martini en el Ritz”, protagonizado por un matrimonio de Vitacura que vive con ciertas dificultades económicas mientras sueña con viajar a Europa. En el relato, ambos apoyaron la continuidad de Augusto Pinochet en el plebiscito de 1988 y sintieron temor cuando se impuso la opción No.

La historia también tiene un vínculo personal con el propio ministro. Quiroz asegura que él votó contra Pinochet en el plebiscito de 1980 y que en 1988 también estaba por el No, aunque no pudo participar porque se encontraba en Estados Unidos. Su trayectoria política, además, contrasta con su entorno familiar: sus padres eran de izquierda y ambos fueron exonerados de sus trabajos durante la dictadura.

¿Cómo es que salí de derecha? Esa era la inquietud de mi psicoanalista, porque me lo preguntaba mucho”, relató Quiroz, quien recordó que durante años discutió de política con su padre, aunque destacó que sus padres lo criaron con libertad.

Del corazón áspero a Julian Barnes

Esa faceta literaria también ha aparecido durante su gestión como ministro, incluso en medio de algunas de las discusiones económicas más complejas del Gobierno. En julio, mientras lideraba las negociaciones de la megarreforma y enfrentaba cuestionamientos por los recortes fiscales, Quiroz respondió a quienes lo calificaban como una persona de “corazón áspero” recurriendo a Julian Barnes.

Se ha dicho mucho que tengo el corazón áspero. Voy a citar a un escritor: corazón áspero, pero blando”, señaló entonces, parafraseando un pasaje de El loro Flaubert.

Meses antes, en marzo, también había recurrido a José Ortega y Gasset durante una exposición ante la Comisión de Hacienda del Senado. “Yo soy yo y mis circunstancias”, dijo el ministro en medio de la discusión por la megarreforma, mientras además defendía una de las medidas más controvertidas del Gobierno: el aumento del precio de los combustibles para trasladar a los consumidores los costos derivados de la guerra en Irán.

Así, entre reformas tributarias, recortes fiscales y negociaciones políticas, Quiroz ha ido dejando pequeñas señales de una faceta menos conocida: la del economista que también escribe y que encuentra en la literatura una forma de explicar, o quizás de suavizar, su áspero trabajo al frente de las finanzas públicas.

P. Si sus padres eran de izquierda, ¿Qué lo influyó para tomar un camino distinto?

R. El fenómeno de la Unidad Popular fue muy traumático para toda mi generación. Pero también lo fue para mi familia, porque a los que yo llamaba tíos, que eran los amigos de mis papás, la mitad se fueron exiliados. Y mi padrino, Leopoldo Sáez, que es lingüista, tiene 88 años, lo adoro y es quien me animó a escribir este libro [Cuentos pendientes], también fue una persona que tuvo que salir de Chile.

P. ¿Y a usted qué le pasó con todo eso?

R. Es bien especial, porque la mayoría de la gente que viene de familias así, automáticamente es izquierdista, porque ven el mundo muy simple y no tienen cómo ser derecha. Pero yo tenía los dos mundos. En parte, porque estudié en el Colegio Alemán y casi todos mis compañeros eran de derecha. Pero la pregunta que más me hacía, desde niño, era por qué quedó ese descalabro económico en la Unidad Popular: las colas, la inflación, y qué se yo. La otra respuesta era infantil: estaban los buenos, los malos, los militares y lo que hicieron. Sin justificar el golpe de Estado, en ningún caso, empecé a cuestionar eso en forma recurrente y sentí que tenía que saber economía.

P. Y en su casa estaban los libros disponibles para eso.

R. ¿Como el de Maurice Doot, que era imposible de terminar? Ahí me compré Curso de Economía Moderna, de Samuelson. Me puse a leer y de repente empecé a caer en la cuenta de que todas las ideas del socialismo estaban malas.

P. ¿A qué edad fue eso?

R. Muy temprano, a los 15 años. Y el libro de Samuelson me lo compré yo, porque ganaba plata desde los 11 años. Tenía mis propios negocios. Como había inflación, saqué la plata de mi cuenta de ahorro del Banco del Estado, porque sabía que, si me la quedaba en el bolsillo, iba a desaparecer. Iba a comprar en tren lápices y cuadernos desde Villa Alemana, donde vivía, en un sector alejado, cerca de un bosque, hasta Valparaíso. Puse un cartel [en la casa de la Villa Magisterio] que decía: “Se venden artículos de librería”. La gente compraba para no tener que salir de la villa. Como les pagaban los días 15, y yo lo sabía, pasaba a cobrarles en las noches y les ponía un recargo por la inflación, y porque después tenía que reponer el inventario. Anotaba las cuentas en un cuaderno.

P. ¿A los 11 años sabía que había inflación?

R. Es que era un poco Manolito, el personaje de la Mafalda. Incluso, para sacar las cuentas del Gobierno, sigo siendo Manolito.

P. ¿Qué efecto le provocaron los libros de economía que leyó?

R. Me di cuenta rápidamente de que la izquierda estaba profundamente equivocada. Mi papás eran personas educadas, cultas, serias y no eran demagógicas. Y yo, con los años, también me di cuenta que cuando un país es tomado por la demagogia, se generan problemas que pueden tener dramas humanos gigantes, porque el golpe de Estado fue una tragedia nacional, y una tragedia que nace de la demagogia. Por eso, para mí la demagogia es uno de los ángeles malos de la sociedad moderna. Altazor ¿por qué perdiste tu primera serenidad?/¿Qué ángel malo se paró en la puerta de tu sonrisa / Con la espada en la mano? Es precioso ese verso de Vicente Huidobro, y yo lo entiendo así: una angustia, como un fenómeno que ocurre ¿por qué perdiste tu primera serenidad? Uno podría hablar del golpe.

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