“Seres sintientes, no objetos”: rechazan demanda de hombre contra expareja que pedía tenencia compartida de su gato
El tribunal anuló una resolución previa que obligaba a rotar el cuidado del felino cada mes tras la separación de sus dueños, argumentando que las mascotas no son simples objetos de propiedad, sino individuos que merecen protección y bienestar.

Getty Images / Alina Rudya/Bell Collective
En una decisión que refleja una evolución en la manera en que la sociedad y las instituciones comprenden la relación entre humanos y animales de compañía, la Corte de Apelaciones de Valdivia rechazó una demanda que pretendía establecer la tenencia compartida de un gato.
El conflicto se originó tras el término de la relación sentimental de una pareja que había adoptado al felino. Inicialmente, un tribunal de primera instancia en Osorno había ordenado que ambos compartieran el cuidado del animal, alternando su hogar mes a mes. Sin embargo, tras la revisión del caso, el tribunal de alzada revocó esta medida de forma unánime, dejando al gato bajo el cuidado definitivo de la mujer, a cuyo nombre se encuentra inscrito en el Registro Nacional de Mascotas.
Un nuevo paradigma: de objetos a seres sintientes
El núcleo de la resolución judicial descansa en un profundo cambio de perspectiva. Los magistrados argumentaron que los animales domésticos ya no pueden ser considerados bajo la antigua concepción de “cosas” o meras propiedades materiales que se dividen entre sus dueños.
Por el contrario, el tribunal enfatizó que los animales son seres vivos sintientes, dotados de la capacidad de experimentar dolor, placer y emociones. Al ser individuos con sensibilidad y consciencia de su entorno, merecen un trato digno y un sistema de protección adecuado.
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En este sentido, la Corte aclaró que el debate legal no debe centrarse en quién tiene el derecho de propiedad sobre la mascota, sino en cómo se garantiza el deber de cuidado y resguardo hacia el animal, priorizando siempre su bienestar por encima de los intereses o deseos de las personas involucradas.
La estabilidad del animal frente al conflicto humano
Al analizar las circunstancias particulares del caso, el tribunal advirtió que la demanda por la tenencia compartida parecía ser un reflejo de la tensión y el enfrentamiento entre la expareja, más que una búsqueda genuina por el bien del felino.
Someter al animal a traslados constantes y a un ambiente marcado por la confrontación humana fue catalogado por los jueces como un riesgo innecesario, indicando incluso que obligar a la mascota a vivir bajo esas condiciones de estrés podría rozar en una forma de maltrato.
Finalmente, la resolución destacó que no existían pruebas suficientes para determinar que el gato estaría mejor compartiendo su tiempo entre dos hogares distanciados por el conflicto. Por ello, privilegiando la estabilidad, la seguridad y el bienestar del ser vivo, se decidió desestimar la petición de alternancia, cerrando la puerta a tratar a las mascotas como bienes sujetos a las normas de una propiedad compartida.
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