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El corazón de los niños en jaque por la crisis de obesidad en Chile

Pese al oscuro panorama, la actividad física surge como la herramienta más costo-efectiva para revertir la tendencia, esto en el marco del Día Mundial del Deporte y la Actividad Física.

Obesidad infantil

Obesidad infantil

En el marco del Día Mundial del Deporte y la Actividad Física (próximo lunes 6 de abril), las cifras de salud infantil en Chile han dejado de ser una simple preocupación estadística para transformarse en una crisis sanitaria presente.

Lo que antes eran diagnósticos exclusivos de la vida adulta (como la hipertensión o el daño cardiovascular) hoy son realidades frecuentes en las consultas pediátricas.

Según el Mapa Nutricional 2025 de JUNAEB, el panorama es crítico: el 51,7% de los niños y adolescentes chilenos presenta malnutrición por exceso. Más alarmante aún es que la obesidad ya afecta al 24,8% de los menores, lo que significa que 1 de cada 4 niños vive con esta condición y los riesgos asociados a ella.

Esta tendencia comienza a edades muy tempranas. Casi la mitad de los niños en kínder (49,2%) ya tiene exceso de peso. En los últimos 17 años, la obesidad infantil en el país ha escalado 10 puntos porcentuales, trayendo consigo consecuencias metabólicas graves antes de que los pacientes alcancen la adolescencia.

El impacto clínico: Enfermedades de adultos en cuerpos pequeños

El Dr. Paulo Valderrama Erazo, cardiólogo pediatra del Centro Médico Nueva Estoril, advierte que el escenario clínico ha cambiado radicalmente. “Cada vez vemos más niños con hipertensión arterial, resistencia a la insulina y daño renal inicial”, explica el especialista.

El exceso de tejido adiposo no es solo un problema estético; genera un impacto silencioso pero profundo en el músculo cardíaco, pudiendo provocar arritmias, insuficiencia cardíaca y, en casos extremos, muerte súbita. Las proyecciones para estos niños son severas:

  • Hasta cinco veces más riesgo de sufrir infartos en la adultez.
  • Casi tres veces más riesgo de accidentes cerebrovasculares como adultos jóvenes.
  • Un aumento significativo en la probabilidad de desarrollar diabetes desde la adolescencia.

El enemigo en la pantalla

Uno de los principales motores de esta crisis es el sedentarismo extremo vinculado al uso de dispositivos electrónicos. Se han registrado casos de niños que pasan entre 6 y 15 horas diarias frente a una pantalla. Este hábito no solo disminuye el metabolismo y altera la alimentación, sino que “roba tiempo” al sueño reparador y fomenta el aislamiento social.

Existe una desconexión entre la realidad y la percepción familiar: un 38% de los padres no identifica correctamente el exceso de peso en sus hijos. Los especialistas instan a vigilar señales clave como:

  • Acantosis nigricans: Manchas oscuras en el cuello o axilas.
  • Fatiga: Falta de aire inusual al jugar.
  • Trastornos del sueño: Ronquidos o pausas respiratorias al dormir.

La receta para el cambio

Pese al oscuro panorama, la actividad física surge como la herramienta más costo-efectiva para revertir la tendencia. Mantener una vida activa puede reducir hasta en 7 puntos porcentuales el riesgo de malnutrición por exceso.

La recomendación médica es estricta: al menos 60 minutos diarios de ejercicio moderado a vigoroso, limitar las pantallas a un máximo de una hora y asegurar entre 8 y 10 horas de sueño. En palabras del Dr. Valderrama, no actuar hoy es hipotecar la calidad y expectativa de vida de las futuras generaciones.

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