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Un día en... el casting de "Pasapalabra"

Conoce paso a paso cómo es la experiencia para buscar ser parte del popular programa.

Un día en... el casting de

Fachada de Turner Chile. Foto: ADN.cl

Por Valentín "Tin" Romero

Lunes, 11 de la mañana. El sol pega fuerte sobre los casi 100 cerebros que se achicharran fuera del edificio que pertenecía a Machasa para entrar al casting de "Pasapalabra", el programa sensación de la temporada.

En Chilevisión saben lo que tienen entre manos, y por eso no sólo acortaron el horario de recepción de interesados en probar su capacidad con el lenguaje, sino que subieron el nivel de dificultad. Es lo que aseguran los tipos que están delante de mí en la fila y que ya han probado suerte dos veces

Los guardias del canal van haciendo pasar a los postulantes en grupos de a 10. Otro recorre la fila tomándonos los datos a cada uno. Cada cierto rato, algún funcionario del canal aparece, muestra su credencial para entrar y se queda mirando a los enfilados con una mezcla de ternura y lástima. El sueño de la tele no es lo que ustedes creen, deben pensar. Es sólo un trabajo. Y deben tener razón pero, según las conversaciones que escucho, para la gente demasiado apasionada con algo –como las palabras- pulir al máximo su hobby es su trabajo. Aunque fracasen.

- Parece que nos vimos la otra vez, poh. ¿Segundo intento?
- No, no. Tercero.
- ¿Cómo te preparaste? Yo me di vuelta todas las aplicaciones que encontré.
- No, yo soy a la antigua. A puro diccionario.

El tipo que dijo eso no suelta su diccionario ni en la fila, ni respondiéndole al otro. Debo ser el único que, más allá de gritarle a la tele en el Rosco, no se preparó nada. Fui porque me acabo de quedar sin trabajo y lo que me sobra es tiempo. De a poco, sólo sapeando las conversaciones de los reincidentes, voy entendiendo cómo funciona el casting: la prueba dura dos minutos y medio y es un Rosco, tal como el de la tele. Antes te encuestan para conocer tu perfil y te sacan una foto, para ver si eres lo suficientemente telegénico


 

Voy a tener que decir la verdad: que soy periodista y que me acaban de echar. Las palabras no venden, sólo los gifs o los posts repletos de emojis. Pero ojo: las palabras también pueden ser diversión. Y aquí lo tienen claro.

Por fin ya estoy adentro. Somos de los últimos. Debí haber llegado más temprano, siendo que estuve afuera desde las 10:30, media hora antes de la convocatoria que decían en la tele.

Estamos en el hall de Turner, que parte el megaedificio por la mitad separando a Chilevisión de CNN Chile. Un productor muy acelerado toma su teléfono y me saca una foto con mi nombre, RUT y ocupación escrita en una pizarra. A medida que va haciendo lo mismo con los demás, me doy cuenta de que no soy el único en mi especie. Periodistas y profesores abundan. Y si puedes perder una mañana de lunes en un casting de televisión, es porque mucha ocupación no tienes.

Además, lleno una ficha con mis intereses y preguntas algo capciosas: ¿Por qué crees que serías un buen jugador de Pasapalabra? ¿Quién te insistió que te presentaras al casting? Si ganaras el premio, ¿qué harías con el dinero? Contesto lo más honestamente posible: porque hacer el loco en televisión me parece divertido y algo de lenguaje tengo, mi novia, un pie para un departamento y viajar. En televisión lo épico vende más, me temo. Pero no le pidan épica a un nerd.

Somos cinco, los últimos de los últimos. Este grupito es estándar: estudiantes y profesionales jóvenes. Con mis 35 estoy de la mitad para arriba en promedio de edad.


 

Están llamando uno por uno para pasar. Es el gran momento. Alguien de la producción nos da la advertencia fatal: si nos va mal, no podemos volver en dos meses. Alerta para insistentes que me parece muy razonable.

Entro a la oficina menos glamorosa que me podría haber imaginado. Una productora tiene unos papeles en la mano y me da las indicaciones: este es un rosco tal como el que todos vemos en la tele, pero sin segunda vuelta. Si hago más de 20, quedo en la segunda fase, que es en el estudio de verdad, con luces y con producción. Ni en Mentix con energética hago más de 20, pienso.

La productora toma sus papeles y me mira seca. Me siento más en una entrevista de trabajo que en un casting de un programa de tele.

Comienza: A. Le achunto. B. También. C. Colapso. Pasapalabra. Maldición, era muy fácil. D, me nublé, tampoco le achunto. E. Vuelvo a mi éxito. F. También. G. Fracaso. Y así, en 150 segundos que se sintieron como 12. Cuenta mis respuestas correctas: 16. "Si el promedio de hoy es muy malo, te vamos a llamar", me dice.

Después de escuchar durante dos horas a tipos hablando de matrices, terceros intentos, aplicaciones para el teléfono y gimnasias mentales de semanas, asumo que eso no va a ocurrir. No importa.

Me voy contento porque personas más inteligentes que yo tendrán su oportunidad de salir en una plataforma donde abunda la gente que no lo es tanto y, eventualmente, ganarán dinero gracias a saberse de memoria significados de palabras. La verdadera venganza de los nerds está aquí.

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