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Sinfónica Nacional de Chile brinda una trascendente Tercera Sinfonía de Mahler

La agrupación dirigida por Leonid Grin presentó con éxito la enorme composición.

Sinfónica Nacional de Chile brinda una trascendente Tercera Sinfonía de Mahler

Tercera Sinfonía de Mahler. Foto: UTFSM

Álvaro Gallegos

"El mundo es profundo. Y más profundo de lo que el día pensó", dice un verso de Nietzsche, tomado de "Así habló Zarathustra", que aparece en el cuarto movimiento de la Sinfonía No.3 de Gustav Mahler. Y vaya que profunda es esta, la más larga de 
las sinfonías establecidas en el repertorio estándar, con una duración de una hora y cuarenta minutos. 

Con coro femenino, coro de niños, contralto solista, y por supuesto una enorme orquesta, no basta con que todo esté, debe haber un sentido de equilibro dentro de la amplia diversidad que recoge esta partitura. Por eso montarla es todo un evento, y la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile volvió a ofrecerla después de 18 años. Entre medio solo tuvimos una muy olvidable versión de la OFS en el Municipal.

El resonante éxito artístico vivido en el Teatro Universidad de Chile nos indica que la titularidad del maestro Leonid Grin alcanzo aquí un punto alto, inolvidable, donde se abrazan excelencia artística y la emoción de los espectadores presentes. El montaje alcanzaría aun un mayor lucimiento y más encumbradas alturas en su tercera función, llevada a cabo en el Aula Magna de la Universidad Federico Santa María de Valparaíso, como parte de su temporada número 77. Se trata de la mejor sala de conciertos de Chile, en opinión de numerosos entendidos, incluyendo este columnista.

La raíz del triunfo, de este soberano acierto musical, radica en primer lugar en el enfoque de Grin. Entendiendo que cada uno de sus seis movimientos posee un carácter único y diferenciado, articuló la interpretación de los músicos de manera acorde a cada uno, y sin dejar de lado la abundante cantidad de detalles, especialmente en el vasto primer movimiento, de treinta y cinco minutos de duración. Interpretar esta sinfonía puede ser agotador, pero en ningún caso se notó por parte de los intérpretes. Grin consiguió de ellos una total soltura, unida a una perspicaz concentración, que mantuvo la musicalidad fluyendo de principio a fin, hasta alcanzar una celestial cumbre con el lento y culminante sexto movimiento.

La sublimidad se extendió a las damas del Coro Sinfónico Universidad de Chile preparadas por Juan Pablo Villaroel, la solista canadiense Nora Sourouzian, los solos del concertino Alberto Dourthé y del trombonista Joaquín Ibar, y vaya una mención especial a las niñas del Coro del Colegio El Almendral de La Pintana (Marcela Serrano, directora).

Está claro que será uno de los eventos más recordados de la OSNCH, no solo de este 2018, sino que de toda la era de Leonid Grin al mando de la orquesta. Y quedan todavía numerosos conciertos en este año, junto a la más importante agrupación sinfónica del país.

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