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Ryszard Kapuscinski

Francisco Mouat revisa en ADN la obra del periodista polaco.

Ryszard Kapuscinski

Ébano, de Ryszard Kapuscinski. Foto:

Francisco Mouat

Ryszard Kapuscinski no nació para periodista y escritor. Nació primero que nada para sobrevivir a duras penas, y hasta los doce años solo se interesó en jugar fútbol. Pero luego de tener un libro en sus manos, después de cumplir trece años de edad, algo cambió para siempre. El libro lo hizo pensar y soñar en un planeta más ancho, diverso y abierto, más feroz también, donde cabían mundos hasta entonces insospechados.

Muy joven Kapuscinski trabajaba en un periódico y estaba a punto de cruzar la frontera. Soñaba con ir a Checoslovaquia, y se lo había dicho a su jefa. Quería saber qué había del otro lado, cómo era poner los pies en otro país. Su sueño no era dar la vuelta al mundo, ni ir a París o a Londres, sino atravesar la frontera y ver con sus propios ojos un país distinto al suyo, a Polonia, territorio que ya había empezado a conocer como reportero viajando en buses destartalados cuando ni siquiera podía conseguir una bicicleta.

Los primeros temas de los que escribió Kapuscinski fueron historias mínimas pauteadas por las cartas que llegaban a la redacción: un pueblo sin luz eléctrica, unos almacenes completamente desabastecidos, un Estado que les quitaba sus últimas vacas a los campesinos.

La mejor escuela para Kapuscinski fue su propia vida y el azar. Pero en vez de cruzar la frontera y partir a Checoslovaquia, su jefa lo mandó lejos, a India, y le obsequió su ejemplar del libro Historia de Heródoto. Y el reportero polaco nunca más detuvo la marcha.

La recompensa vino después: veinte libros publicados, una docena de ellos traducidos al español, dan cuenta de una obra literaria sólida que perdurará por mucho tiempo. "Yo soy un pobre reportero que no tiene desgraciadamente la imaginación de un escritor. Si la tuviera, jamás habría ido a estos terribles lugares en donde estuve. Además, creo que si se logra escribir sobre lo que pasa en el mundo, eso al final tiene mayor peso que las obras de ficción". Palabra de Kapuscinski.

Una vez estuvo con mineros en Siberia y no se detuvo a preguntarles cuánto ganaban al mes: "Ya sé que cobran sueldos de miseria. ¿Qué más da que me digan dieciséis rublos o dieciocho? Es un dato sin ninguna importancia: lo importante es que son pobres, muy pobres".

Kapuscinski murió en el verano de 2007, pero quedaron sus libros, y el ejemplo de un artista de excepción que no renunció al humanismo de su oficio y se convirtió en un periodista inolvidable.

El imperio, La guerra del fútbol y otros reportajes, Ébano y Viajes con Heródoto, algunos de los libros de Ryszard Kapuscinski, de editorial Anagrama.


 
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