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Robert Walser

Francisco Mouat habla sobre tres de las obras del escritor suizo.

Robert Walser

Desde la oficina. Foto:

Francisco Mouat

Siempre será bienvenido encontrarse con un nuevo libro del suizo Robert Walser. Hace poco llegó a las librerías el volumen Desde la oficina, que contiene relatos breves sobre el mundo oficinesco visto, pensado y narrado por uno de los escritores más notables y originales del siglo veinte.

¿Saben ustedes de alguna persona que, tal como hizo Robert Walser, se internara voluntariamente en un hospital siquiátrico para vivir allí, "en la paz del sanatorio", los últimos veintitrés años de su vida después de haber publicado ya varios libros? En ese sanatorio Walser llevó una vida recluida, pacífica, silenciosa, de paseos y lectura.

Hay un precioso libro breve llamado El paseante solitario que Sebald le dedica a Walser, en donde describe uno de los viajes del suizo, a pie de Berna a Ginebra: "No cuenta mucho de esa excursión, salvo que en Friburgo se compró otro par de medias, hizo los honores a varias tabernas, dirigió cumplidos a una camarera del Jura, regaló almendras a un chico, se quitó el sombrero al dar un paseo en la oscuridad junto al monumento a Rousseau en la isla del Ródano, y sintió regocijo al atravesar el puente sobre el lago".

Pienso en Robert Walser, en sus gestos radicales, en su decisión de desaparecer del mundo, de abocarse a los paseos y al silencio: "Declaro que una hermosa mañana, ya no sé exactamente a qué hora, como me vino en gana dar un paseo, me planté el sombrero en la cabeza, abandoné el cuarto de los escritos o de los espíritus, y bajé la escalera para salir a buen paso a la calle".

Robert Walser fue encontrado muerto por un grupo de niños, tendido en la nieve el día de Navidad de 1956, casi a los ochenta años de edad, después de salir de paseo. Esa Navidad, su habitual compañero de ruta, su entonces amigo Carl Seelig, quien lo sacaba a pasear con frecuencia mientras él estaba internado, no pudo llegar al sanatorio y no alcanzó a avisarle a Walser que no podría acompañarlo. En su libro Paseos con Robert Walser, Carl Seelig escribe: "Durante el atardecer del 25 de diciembre de 1956, yo estaba a oscuras mirando desde mi casa las casas de mis vecinos, en las que relucían las primeras velas de los árboles de Navidad. Junto a mí estaba tumbado mi perro dálmata Ajax, enfermo, al que no quería dejar solo esa noche. Debido a su penoso estado, había aplazado el siguiente paseo con Robert Walser de Navidad a Año Nuevo. De pronto, sonó el teléfono. El médico jefe me dio la noticia de que, poco después del mediodía, Robert había sido encontrado muerto en un campo nevado, el mismo en el que en las Navidades de 1954 y el Viernes Santo de 1955 habíamos pasado horas inolvidables. Esa noche no quise ver más árboles de Navidad. Su luz me dolía demasiado".

Desde la oficina, El paseo, Ante la pintura y Los hermanos Tanner, algunos de los libros de Robert Walser, de editorial Siruela.


 
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