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La noche del oráculo, de Paul Auster

Francisco Mouat revisa en ADN la novela del escritor estadounidense.

La noche del oráculo, de Paul Auster

La noche del oráculo. Foto:

Francisco Mouat

Cierto día, una amiga llegó con un libro en sus manos y empezó a leerme un fragmento de La noche del oráculo, entonces la última novela de Paul Auster.

El episodio contaba el hallazgo -en el garage de la casa de uno de los tantos personajes- de un curioso instrumento llamado estereoscopio, con el que era posible ver diapositivas en tres dimensiones. El estereoscopio había permanecido guardado junto a doce diapositivas durante treinta años, y Richard -así se llama el personaje- después de encontrarse con estos recuerdos de familia se obsesionó a tal punto que cada mañana, antes de ir al trabajo, y cada tarde, al volver, se instalaba con el estereoscopio en el garage a ver imágenes capturadas cuando él era un muchacho de solo catorce años.

Richard estuvo dos meses observando a familiares retratados que en su mayoría ya estaban muertos: "Su padre, fallecido de un ataque al corazón en 1969. Su madre, que murió en 1972 a consecuencia de un ataque renal. Su hermana Tina, de cáncer, en 1974 (…) En una de las fotos salía él en el jardín, con sus padres y Tina. Solo estaban los cuatro, cogidos del brazo, apoyados los unos en los otros, una hilera de cuatro rostros sonrientes, ridículamente animados, haciendo el tonto delante de la cámara (…) El estereoscopio era como una linterna mágica que le permitía viajar en el tiempo y visitar a los muertos".

Hasta que la máquina falló y Richard sintió que volvía a experimentar el luto de no poder recuperar la imagen de su primera familia. Finalmente Richard cedió a las palabras de su mujer -que lo veía peligrosamente atrapado en una rutina que podía llevarlo a una depresión- y estimó que lo mejor era olvidar el estereoscopio, no pensar más en cómo repararlo, y concentrarse en vivir el presente: "El pasado, pasado está, y por mucho que mire estas fotos, jamás podré recuperarlo".

Ese fragmento de dos o tres páginas de la novela de Auster me llevó a repasar mentalmente algunas de las fotografías familiares que guardo en casa, fotografías donde también se verifica la fugacidad de estas imágenes pretéritas, y sobre todo me hizo pensar en la pasión artística ejecutada por Paul Auster en buena parte de sus novelas.

La noche del oráculo, de Paul Auster, del sello Booket.


 
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