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Junge Deutsche Philharmonie: el futuro de la música orquestal

La agrupación conformada por jóvenes músicos de todo el mundo se presentó en el Teatro del Lago junto al afamado director Jonathan Nott.

Junge Deutsche Philharmonie: el futuro de la música orquestal

Junge Deutsche Philharmonie. Foto: Yaritza Ruiz

Álvaro Gallegos

Una conjunción perfecta entre clasicismo y romanticismo, pero que mira hacia el futuro. Esa descripción de la Cuarta Sinfonía de Johannes Brahms puede aplicarse también al trabajo de la Junge Deutsche Philharmonie, orquesta de jóvenes provenientes de distintas academias europeas que, bajo la dirección del reconocido Jonathan Nott, se presentó en nuestro país, exclusivamente en el Teatro del Lago.

Cabe destacar que junto a su concierto principal del pasado sábado 8, hubo una presentación educativa para escolares de la región, y un concierto de cámara, ambos el día anterior.

La pieza en cuestión de Brahms constituyó la primera mitad de este inspirador evento. El uso de estructuras clásicas, y la búsqueda de perfección formal, son análogos a la limpieza interpretativa de esta orquesta, una pureza tan delicada como asombrosa. La juventud de sus integrantes sería al mismo equiparable a la energía desatada de la estética romántica. Y, como corolario, son estos intérpretes el futuro de la música, guiados además por un conspicuo promotor de la música de nuestro tiempo como es Nott.

Aquella inefable passacaglia pletórica de pasiones románticas que cierra la Cuarta, con todo su bagaje pre-clásico, anunciaba nuevos vientos. Es el inconformismo de este supuesto conservador que Schoenberg tan inteligentemente identificó en su ensayo “Brahms, el progresista”. Pero sería Gustav Mahler quien abriría aun más las puertas a la modernidad, siendo parte de una cadena iniciada por Haydn y Mozart, continuada por Beethoven, y seguida por los antagónicos Brahms y Wagner.

Así, el segundo bloque consistió en la Sinfonía No.1 “Titán” de este precursor del expresionismo. Y es como si la sumatoria de talentos se multiplicara para conseguir
una interpretación superlativa de este, el primer peldaño en la ascendente escalera de sinfonías del compositor. Las escenas pastoriles, la pesadillesca marcha fúnebre, la abrumante energía desatada del final, todo se vivió como una vívida narrativa sinfónica en manos de estos diestros jóvenes músicos. Dicho sea de paso, el plantel incluye a una chilena, la oboísta Camila del Pozo.

Mérito es también de la experta batuta de Nott, cuya fama es proporcional a lo que consigue arriba del podio. Su enfoque en la “Titán” sacó a relucir numerosos detalles, y otorgó vida a aquellos elementos de danza que se asoman, como la sección judía en el centro del tercer movimiento, o los bailes rústicos (ländler) en el primero y segundo.

Tamaña interpretación se erige como inolvidable y se anota como un punto de relieve en la historia del recinto sureño, similar al que protagonizó el propio Nott con la Sinfónica de Bamberg siete años atrás.

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