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François Cheng

Francisco Mouat repasó en ADN la obra del escritor chino.

François Cheng

Cinco meditaciones sobre la belleza. Foto:

Francisco Mouat

El poeta y traductor chino François Cheng publicó hace años un libro que contiene cinco meditaciones sobre la belleza, y no mucho después un volumen que contiene cinco meditaciones sobre la muerte. Francois Cheng es un artista sabio y provocador: al mismo tiempo que nos estimula a pensar y sentir, es capaz de despertar en nosotros sus lectores un movimiento interior único que estremece.

Alguien podría decirnos que la belleza no se piensa; se descubre, se nos revela, aparece. Es cierto. Pero meditar sobre la belleza como lo hace François Cheng puede convertirse en una experiencia bella y necesaria para nosotros, sus lectores. Escribe Cheng: "La belleza siempre es un advenimiento, por no decir una epifanía, y más concretamente un aparecer ahí. La belleza implica un entrecruzamiento, una interacción, un encuen¬tro entre los elementos que constituyen una belleza, entre esa belleza pre¬sente y la mirada que la capta. De este encuentro, si es profundo, nace otra cosa, una revelación. No todo el mundo es artista, pero todo el mundo puede ver su ser transformado, transfigurado por el encuentro con la belleza, puesto que la belleza suscita belleza, aumenta la belleza, eleva la belleza".

Dice Cheng en sus meditaciones: "Toda belleza es singular y, según los momentos y las luces, su manifestación, por no decir su surgimiento, es siempre inesperado. Una figura de belleza, incluso una a la que estuviéramos acostumbrados, debería presentársenos cada vez como nueva, como un advenimiento. Por esta razón la belleza siempre nos conmueve. Hay bellezas llenas de una luminosa dulzura que, de repente, por encima de las tinieblas y del sufrimiento nos remueven las entrañas; otras, surgidas de algún subterráneo, nos atrapan o nos arrebatan con su extraño sortilegio; otras, puro fulgor, subyugan, fulminan".

En estos días he podido comprobar, una vez más, que las meditaciones de Cheng nos acompañan en la medida en que dejamos en nosotros un espacio abierto para que se cuelen las infinitas posibilidades de la belleza artística. Acabo de ver una película japonesa, de la directora Naomi Kawase, llamada Una pastelería en Tokyo. Es muy poco probable que tengamos la suerte de verla en salas de cine chilenas. Las películas de Kawase son difíciles de encontrar como los libros de Francois Cheng, pero existen, y porque existen siempre habrá un modo de llegar a encontrarse con ellos.

Cinco meditaciones sobre la belleza, de François Cheng, de editorial Siruela.


 
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