En la noche del domingo, Ernest Borgnine, uno de los últimos de una legendaria generación (queda Kirk Douglas), un hombre que sin ser estrella sí fue un actor adorado por el público, falleció tras sufrir un fallo renal en el hospital Cedars-Sinai en Los Ángeles a los 95 años, rodeado por su esposa Tova y por sus hijos.
Entre los diversos récords logrados en una carrera tan longeva —este mismo año rodó
El hombre que chocó la mano de Vicente Fernández— hay dos que son alabados por los cinéfilos: participó en las cuatro películas de la saga
Doce del patíbulo, y ganó el Oscar al mejor actor por
Marty (1955).
Ermes Effron Borgnino, que así se llamaba, nació el 24 de enero de 1917 en una modesta familia de inmigrantes italianos. En 1935, tras acabar el instituto, se alistó en la marina de los Estados Unidos. Seis años después la dejó, pero se reenroló a las pocas semanas: Estados Unidos había entrado en la II Guerra Mundial.
Así que cuando volvió a su casa en 1945 llevaba 10 años en un barco, y no había aprendido ningún oficio. Después de probar suerte en varias fábricas, fue su madre la que, insistiendo en lo fuerte de su personalidad, le recomendó la interpretación y así entró en el Randall School of Drama de Hartford. Después de graduarse, fue contratado por el Barter Theatre de Abingdon (Virginia) y dos años después, en 1949, debutó en Broadway en el papel de enfermero en Harvey.
En 1951 decidió mudarse a Los Ángeles para saltar al cine, aunque antes debutó en la televisión en
El capitán Vídeo y los guardianes del universo. Pero su fallecida madre llevaba razón y en pocos meses ya estaba en un gran rodaje, el de
De aquí a la eternidad, donde encarnó al sargento Fatso Judson. Estaba en racha: en dos años trabaja en Johnny Guitar, Veracruz y Conspiración de silencio, y gana el Oscar —la única vez que logró la candidatura— por
Marty, un drama que fue la primera película estadounidense en llevarse la Palma de Oro en Cannes y que a Borgnine además le reportó un Globo de Oro y un premio Bafta.
Ernest Borgnine entra en sus mejores años (1959-1969), en los que se convierte en un secundario de lujo, con trabajos como Los
vikingos, El vuelo del Fénix, Barrabás, Doce del patíbulo, Estación polar Cebra o
Grupo salvaje. Después de cuatro matrimonios, se casó en 1973 con Tora Traesnaes. Borgnine, además, aprovechó su popularidad para protagonizar una serie de éxito,
la sitcom Barco a la vista (1962-1966), con la que fue candidato al Emmy. Por supuesto, apareció en sus dos adaptaciones televisivas.
Nunca dejó de trabajar en las siguientes tres décadas: fue el detective Romo en
La aventura del Poseidón, el centurión que habla con Jesucristo en
Jesús de Nazaret, el taxista de
1997: rescate en Nueva York... Y siguió compaginando el cine con la televisión: en 1979 fue candidato a otro Emmy por su trabajo en la versión en la pequeña pantalla de
Sin novedad en el frente.
Su popularidad nunca decayó: en 1996, Borgnine viajó por Estados Unidos para encontrarse con sus fans. De ese peregrinaje surgió el documental
Ernest Borgnine on the bus. Su voz peculiar también le proporcionó apariciones como doblador de personajes en
Todos los perros van al cielo 2, en 13 episodios de
Bob Esponja y
apareció en un episodio de Los Simpson. En 1999 viajó al festival de San Sebastián con la película sorpresa del certamen,
Abilene.
En este nuevo siglo, Bornine no se jubiló: fue finalista a un Globo de Oro por el telefilme
Un abuelo por Navidad y a un tercer Emmy por su aparición en
Urgencias (2009); y escribió su autobiografía,
Ernie, que le empujó a recorrer EE.UU. de nuevo en su promoción. En 2010 actuó en un taquillazo,
Red, con Bruce Willis, John Malkovich, Morgan Freeman o Helen Mirren.