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Eva Perón de Copi ¿es para tanto?

Comentario a la obra en la que Benjamín Vicuña personifica a Evita y que despierta controversia en el medio cultural argentino.

Eva Perón de Copi ¿es para tanto?

Eva Perón . Foto: Mauricio Cáceres TC-TNA

Gabriel Castillo T.
Profesor de Lenguaje y Dramaturgo
Autor de las obras "Nacional" y "YouTube: una historia de la humanidad"

"Eva Perón" se estrenó por primera vez el año 1970 en Francia. En aquella ocasión, un grupo de extrema derecha argentino quemó la escenografía del montaje. Protestaban por la profanación de la figura de Eva: un verdadero mito moderno. Considerando ese antecedente inaugural, no es extraño que hoy, en una nueva versión de la obra de Copi dirigida por Marcial Di Fonzo Bo, la obra se reestrene en medio de titulares polémicos.

El argumento de "Eva…" es sencillo: la mujer del presidente argentino, Perón, está encerrada en su casa luchando contra el cáncer. A su alrededor se pasean su madre, una mujer ambiciosa que sólo desea heredar algo, Ibiza, un asesor presidencial que maquina el futuro político de la familia, el mismísimo Perón, casi siempre silencioso, y una enfermera humilde e inocente, que solo cumple con su trabajo: cuidar de la "Jefa Espiritual de la Nación" (título honorífico que realmente recibió el año 1952).

La primera dama es representada en este cuadro como una mujer déspota y manipuladora, agresiva y sin emociones. Como una mujer "desnaturalizada": carente de todas esas características que socialmente atribuimos a la caricatura de la buena mujer, y que por cierto, eran tan propias del personaje político que la verdadera Eva Perón había construido para sí misma (merece la pena recordar que en su juventud la argentina había trabajado como actriz).

La controversia que causa hoy la obra, en todo caso, es gatillada por razones distintas a las que la impulsaron por vez primera: una de ellas tiene que ver con el hecho de que Benjamín Vicuña asuma el papel de Eva Perón (y eso que no sería la primera vez que un chileno lo asume: también Alfredo Castro lo hizo en 1998). Tal vez sea por lo que representa el chileno: un rostro, aquello que es pura apariencia, la impostación de un personaje permanente. Como un espejo cruel para los devotos de Evita.

Por otro lado, si la obra en sí misma desacraliza y rebaja (hasta lo más bajo) la figura de Eva en una fantasía que nada tiene de histórica, y que además, tiene por principal objetivo tocar lo intocable, solo por hacerlo y ver qué tanto molesta ¿qué puede sumarle la aparición de Benjamín Vicuña en el protagónico? Se diría que casi nada: lo que pesa una pluma.

De todas formas, si algún peronista todavía se siente agraviado por el montaje del Teatro Nacional Cervantes, puede que en la actuación tibia del chileno, quizás demasiado acostumbrado a la cámara y al primer plano o apenas entrando en calor al comienzo de la temporada, sienta algún consuelo: "quisieron burlarse de mi Evita pero les salió mal". O aburrido.

Por empezar la función.

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