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Escombros, de Martín Cerda

Francisco Mouat comenta en ADN el libro del escritor chileno.

Escombros, de Martín Cerda

Escombros, de Martín Cerda. Foto:

Francisco Mouat

Libros en llamas se titula un ensayo de Lucien Polastron en el que investiga y reflexiona sobre la destrucción de bibliotecas, sobre la barbarie que anima toda quema de libros. Polastron tiene la idea de que "el libro es un doble del hombre", y que "quemarlo equivale a matar" a su autor. Destruir una biblioteca, entonces, según él, es "un asesinato masivo y simbólico".

Pienso en la quema de libros a propósito del ensayista chileno Martín Cerda, muerto en 1991 y de quien se publicó un volumen póstumo llamado Escombros con una selección de textos suyos aparecidos en diarios y revistas. El mismo Cerda se refería a sus escritos como "escombros", desechos de demoliciones y mudanzas vitales y existenciales que no eran otra cosa que el libro fragmentario, lúcido, sensible y balbuceante que fue escribiendo a lo largo de su vida.

Martín Cerda tenía sesenta años de edad en agosto de 1990, una vida dedicada a pensar, leer y escribir, a atesorar libros esenciales y definitivos, cuando un incendio -no se sabe si intencional o no- destruyó en forma casi íntegra su biblioteca de entre seiscientos y setecientos volúmenes, en un hogar universitario de Punta Arenas donde estaba viviendo como escritor residente.

Martín Cerda sufrió el infierno en carne propia, aquí, en la Tierra. Estaba de paso en Santiago, junto a su pareja, cuando un amigo de la Biblioteca Nacional fue a verlo, tocó el timbre y le dijo, sin anestesia, que se había quemado su biblioteca en el sur. No alcanzó a recuperar prácticamente nada, apenas unas hojas sueltas. Los libros que lo habían formado en Francia, los libros que lo acompañaron, que le prestaron auxilio en sus peores momentos, que le dieron felicidad momentánea, se los llevó el fuego.

¿Se puede imaginar una escena más devastadora para un escritor genuino como Martín Cerda, que asistir en vida al funeral de su propia biblioteca? El incendio de sus libros marcó también el fin de sus días. Algunos meses más tarde, un infarto al corazón y luego una cirugía de la que nunca se recuperó significaron su muerte, en abril de 1991. Murió Martín Cerda con la amargura de sospechar que sus libros los había quemado intencionalmente alguna mente enferma, ya que nunca se pudo verificar que la causa del incendio haya sido el supuesto recalentamiento de un calefactor, como alguien insinuó.

Martín Cerda sabía de la conveniencia de no confundir recuerdos con nostalgias: "Yo recuerdo haber leído muchas páginas. Con todas ellas, sin embargo, sólo lograría establecer una bibliografía incompleta e irrisoria. Tengo nostalgia, en cambio, de aquellos lugares en que he dejado la sombra de mi vida: de una mano, por ejemplo, que una madrugada regaló una rosa cultivada en la pampa salitrera. Con ella podría, sin duda, reescribir mi biografía".

Escombros, de Martín Cerda, de Editorial Universidad Diego Portales.


 
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