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Ciudadano ADN


Ennio Moltedo

Francisco Mouat comenta en ADN la obra del chileno.

Ennio Moltedo

Regreso al mar. Foto:

Francisco Mouat

Lo vi desde lejos, inconfundible: yo venía caminando desde la calle Valparaíso, y al avanzar por el costado de la plaza de Viña donde se estacionan las victorias alcancé a divisarlo en la escalera del frontis del Teatro Municipal. Por fin conocería personalmente a Ennio Moltedo, el poeta. Alto, delgado, de lentes: tal como él se había descrito la vez que hablamos por teléfono. Impecable chaqueta blanca, pantalones café claro, zapatos de gamuza casi del mismo color, pañuelo de seda en el cuello a pesar del calor.

Quería conocerlo desde que comencé a leer sus libros, hacía un par de años. Su poesía original y escrita toda la vida cerca del mar, la mirada crítica, corrosiva, sensible, a ratos humorística, despreciadora del mercado, enjuiciadora de las últimas demoliciones y las nuevas construcciones, por momentos de una delicadeza fuera de serie, me cautivaron inmediatamente.

El primer libro del poeta viñamarino Ennio Moltedo que tuve en mis manos fue Día a día. Un amigo dueño de librería en los años noventa me había llamado por teléfono para decirme que tenía unas cajas con libros en su casa que iba a botar a la basura. En la pesquisa encontré una perla inolvidable: Día a día, de Ennio Moltedo.

El día en que nos conocimos en Viña, Ennio había presentado la noche anterior su último libro, Las cosas nuevas. Almorzamos juntos y me extendió un ejemplar de regalo. Ahí pude leer: "No te acerques a palacio. Desde allí ninguna señal de paz es válida. Ninguna esperanza coincidirá contigo. Ese lugar de acción y futuro te parecerá vacío". Leí a Moltedo, hasta hoy, sin prisa, deteniéndome en la textura de sus palabras: "Los años acumulan el recuerdo de los muertos. ¿Por qué siempre tocan el timbre cuando es de noche?".

Justo antes de despedirnos esa vez, Moltedo comentó que a esa hora, las tres o cuatro de la tarde, la carretera a Santiago debía estar despejada, aunque seguramente con bastante calor. Le dije que mientras tuviera energía, ir a Viña a encontrarme con él y volverme unas horas después sería un gusto y un privilegio. Mencioné la palabra energía y Ennio apuntó: "Dicen que solo somos eso: un rayo de energía".

Raúl Zurita dijo una vez de Ennio Moltedo que el viñamarino era "uno de los poetas más finos, grandes, curiosos y buenos de Chile. Si no es más conocido es porque la poesía excede con creces los tiempos de nuestras vidas humanas". Cada vez que puedo, vuelvo a leer un breve texto de Ennio Moltedo que espero me acompañe a donde vaya, toda la vida: "Protégeme, Dios mío, del sentido pedagógico y deja que cada día me sorprenda viendo pasar -sin estilo- el viento por la esquina".

Regreso al mar, antología poética de Ennio Moltedo, de Editorial Universidad de Valparaíso.


 
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