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Los Tenores de la tarde


Emocionante estreno en Chile de "Resurrección" de Penderecki

La obra del compositor polaco fue presentada en el Municipal de Santiago, bajo la dirección de Max Valdés.

Emocionante estreno en Chile de

"Resurrección" de Penderecki. Foto: Marcela González

Álvaro Gallegos

La entrega total, el cariño, la dedicación, todo para forjar la exacta persuasión en torno a una obra de arte. El resultado no puede ser otro que la excelencia. Belleza, simplemente. El director Max Valdés, cuya relación de piel con la música de Krzysztof Penderecki ha crecido en los últimos años, nos reveló el real valor de una obra tardía del maestro polaco, el Concierto para Piano "Resurrección" (2002, revisada en 2007), alma de un iluminado programa de la Filarmónica de Santiago este año en el Municipal.

El aliado de Valdés fue el pianista Luis Alberto Latorre, probablemente el único intérprete en Chile con las capacidades para enfrentar esta virtuosa pieza. Habituado a presentar obras de tamaña envergadura en el país, Latorre transitó sin dificultad por todas las sinuosidades de una música detallista, multicolor, cuya excelente artesanía se refleja en que la gran orquesta nunca sepulta al piano.

Es también una partitura de vocación emocional, y en eso Valdés extrajo la ingente cantidad de drama de un discurso con distintos puntos climáticos, siendo quizás el definitivo aquel que involucra a trompetas apostadas en un palco superior más sonidos grabados de campanas de iglesias que fueron proyectados a alto volumen. La orquesta, viniendo de tocar "Lulu", no tuvo mayor problema en rendir al máximo, atendiendo certeramente a las exigencias del director. Más allá de las asociaciones extra-musicales, como que está inspirada en la caída de la Torres Gemelas en 2001, se vivió como música de remembranza, y de esperanza en estos tiempos turbulentos.

La redondez del concierto fue completa. Se inició con el "Preludio Sinfónico" de René Amengual, que Valdés hizo hace escasos meses con la Nacional Juvenil, teniendo el director aquí la oportunidad de indagar aún más en la simple riqueza de esta miniatura, probablemente lo más granado que dejó el compositor chileno fallecido tempranamente en 1954. Lo mismo para la apreciada Cuarta Sinfonía de Johannes Brahms, escuchada al cierre, que en las manos de Valdés adquirió un sentido de inevitabilidad en sus componentes, enfatizando las tensiones y el subtexto romántico. O sea, una lectura totalmente coherente y en sintonía con lo que se había vivido anteriormente con Penderecki.

Solo valga como comentario adicional, a propósito del nombramiento del maestro Valdés como titular de la Sinfónica Nacional Juvenil, de que el conjunto de la FOJI queda en las mejores manos.

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