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El otro "Rey Arturo" que se luce a todo volumen

La obra de Henry Purcell fue presentada en el GAM como parte de la temporada de la Universidad Alberto Hurtado.

El otro

El otro "Rey Arturo".

Álvaro Gallegos

Bretones versus Sajones. Un conflicto medieval que gracias a la magia de la ópera se transforma en la rivalidad entre dos equipos de fútbol. Es la propuesta del siempre inventivo Gonzalo Cuadra, para la semi-ópera "King Arthur" del compositor del barroco inglés Henry Purcell (1659-1695), como parte de la temporada de la Universidad Alberto Hurtado en la Sala A1 del Centro Gabriela Mistral (GAM).

Es importante notar, eso sí, que es una visión especial de la obra original. Aquella incluye diálogos, teatro mismo, por eso el prefijo "semi". Ausentes estuvieron Merlín, el Rey Arturo, Oswald, y todos los roles principales, que son hablados. En cambio, se construyó una narrativa basándose exclusivamente en los números musicales de Purcell para la obra, y así dar con algo que podríamos calificar como una cantata escénica, donde la música fue el principio rector.

El ambiente futbolero se impuso desde el inicio. El director Felipe Hidalgo, al mando de la Camerata Instrumental UAH y el Coro del Instituto de Música UAH, preparado por Jessica Quezada, dio literalmente el pitazo inicial antes de alzar la mano para la obertura. Los bretones en su camarín, preparándose, para el partido, y luego los sajones, como la barra de su equipo en las graderías. ¡Hasta el personaje del Genio del Frío se transformó en el heladero del estadio! De este modo, los cantos patrióticos de los coros mutaron en arengas futboleras, con un mismo sentido de emoción.

Buena parte de los intérpretes, tanto vocales como instrumentales, son aun estudiantes de la casa de estudios jesuita. A ellos hay que aplaudir por su empeño y su dedicación. Lamentablemente el programa de mano no daba detalles de roles solistas. Hubiese sido bueno saber quiénes interpretaban a personajes como Grimbald, Philidel, Cupido Love o Venus, para dar cuenta de su talento. Estupendo el trabajo coral realizado por Quezada, y la dirección musical de Hidalgo fue adecuada e idiomática. Solo el piano eléctrico, ocupado para el continuo, desencajaba en cuanto a sonoridad. No porque se ocupase el sonido de piano en vez de clavecín, sino que había algo en el timbre mismo del instrumento que no cuajaba.

Vuelve así, el Instituto de Música UAH a hacer un aporte a la ópera de cámara en el país, esta vez mostrando por primera vez en nuestro suelo la música de esta obra, y llevándonos a la que debiese ser la reflexión final tras ver esta puesta en escena. Y es la de sopesar el genio del compositor inglés, como una figura única, totalmente aparte de los otros nombres idolatrados de la creación musical barroca. Cuando se suele comentar que el barroco parece un mundo musical unificado, sin estilos, la voz de Purcell se asoma como algo personal. Y es bueno detenerse también en su música instrumental. Gracias UAH por recordárnoslo.

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