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Opinión: Soñando Valparaíso, la ciudad eléctrica

Pedro Serrano, director de la Unidad de Arquitectura Extrema de la Utfsm, analiza el tema en nuestro medio asociado ElQuintoPoder.

Opinión: Soñando Valparaíso, la ciudad eléctrica

Valparaíso iluminado. Foto: Agencia Uno

Por Pedro Serrano, en El Quinto Poder

Soñar es el primer paso para toda innovación. Todas las invenciones, cambios tecnológicos y propuestas de cambio social, han sido soñadas previamente por alguien. Soñar es además gratuito y simple, sólo gasta recursos mentales y una mente con recursos en su almacén de memoria y cultura puede soñar grandes cosas.

Dicho lo anterior, soñar a Valparaíso es natural, algo que muchos habitantes hacen cotidianamente. Convocar a los soñadores permitirá juntar los sueños y usarlos para forjar un futuro posible. Ese proceso lo podríamos llamar sueño ciudadano para un desarrollo democrático.

Soy ingeniero electrónico de la Utfsm y aprovechando esa sutil desviación profesional me permito soñar un Valparaíso eléctrico, tal como fue soñado para París, hace ya más de un siglo por Julio Verne, soñador por excelencia.

Jules Gabriel Verne nació hace 186 años y escribió más de 54 novelas, de las cuales 8 son publicaciones póstumas. Considerando que las escribió a mediados del siglo XIX, resulta casi increíble que haya ido a la Luna, recorrido 20.000 leguas en un submarino eléctrico, dado la vuelta al mundo en 80 días o viajado al centro de la Tierra con linternas eléctricas. En todas ellas, la electricidad, una energía nueva y en exploración por esos días, juega un papel preponderante. Describió el teléfono, las armas eléctricas, el video, el ascensor eléctrico, internet etc., como un sueño para París 100 años después.


 

Verne en 1863, año en que en Chile se inaugura el ferrocarril Valparaíso Santiago y año del incendio de la Compañía, escribe un novela llamada París siglo XX, póstumamente publicada a finales del siglo XX. La novela presenta una sociedad masificada, llena de tecnología, donde los números han vencido a las letras y los árboles se cortan para hacer pasta para papel. Aclaro que jamás soñó con colusiones.

En esta mirada, pesimista según algunos y curiosamente realista en la perspectiva actual, París era en la ficción, principalmente una ciudad eléctrica, con una gran represa en el Sena, que proporcionaba los mega watts necesarios para hacer funcionar la metrópolis.

En casi 480 años desde la llegada de Juan de Saavedra y sus hombres, los porteños y porteñas de esta comuna hemos llegado a ser unos 292.510. Cifra dudosa aún por causa de un censo, también dudoso, del año 2012. Dicho censo anota además ciertas inconsistencias sobre el retroceso que venía experimentando la población de la ciudad, cosa que espero veamos resuelta con este censo abreviado del 2017.

Sin embargo, los porteños admiten que, igual aman a Valparaíso, a pesar del desempleo, el deterioro del plan de la ciudad, la precariedad de sus tomas, la basura, las amenazas de un puerto oclusivo tapado de contenedores. Puesto que Valparaíso es una ciudad amable, lo que significa susceptible de ser amada. Mirar el mar desde un gran anfiteatro, es un paisaje cotidiano impagable, (últimamente y contra los derechos del habitante destrozado por el lucro inmobiliario), el clima es además bastante suave, nunca nieva y nunca hacen más de 40 grados, la media normal es 25ºC.


 

El siglo pasado Valparaíso tenía un sueño eléctrico, que casi lo logra. La carga del puerto entraba y salía por ferrocarril eléctrico, que pasando por Santiago llegaba hasta Puerto Montt y tenía ramales a Argentina y el norte. Se logró una línea de tranvías y luego un circuito de troles eléctricos que recorrían todo el plan desde la costa hasta el pie de cerro. Desde el pie de cerro hasta la cota cincuenta metros llegaron a existir 32 ascensores también eléctricos. En 1851 se inició el telégrafo entre Valparaíso y Santiago.

En 1905 se instaló adyacente a la comuna, la central El Sauce, la segunda de Chile y la primera hidroeléctrica en usar alternadores en el país. Energía eléctrica limpia y obviamente patrimonio chileno y de la ciudad. Hoy está destruida y ha sido completamente saqueada, incluso hasta 2012. Queda de eso, como recuerdo de un tiempo distinto, el tranque La Luz en Curauma.

Hoy en día una flotilla de miles de colectivos y añosos buses llenan de humo la ciudad, el metro tren con suerte llega a Limache y miles de enormes camiones petroleros ingresan y salen del puerto transportando un negocio que no deja nada bueno a la ciudad. Bueno, todo sueño puede desviarse un tiempo y en eso estamos.

Si Valparaíso lleva 500 años, supongamos al menos unos 500 años más en el futuro. ¿Ha pensado el lector como será Valparaíso en año 2517?

Lo anterior no es fácil, pero en estas páginas nos atrevemos con 100 años más, proyectando lo que viene, con lo que ya está aquí.


 

Valparaíso ya debiese estar iluminado con tecnología LED, luz intensa de color pleno, sin titilar, que vale la quinta parte, que dura más de 50 mil horas, reemplazando la tecnología que era eficiente en los 90, de descarga en gas, color deficiente, 8 mil horas y efecto electroboscópicio (titila). Con una factura de luz un quinto mas barata, la ciudad gana. Es probable que esta tecnología domine en el mundo los próximos 20 años.

La era de los techos solares ya está aquí, los fotovoltaicos están cada vez más eficientes, baratos y prometen durar sobre los 25 años. Chile está atrasado en esta revolución que ya pasó por Europa y está llegando al Asia. En Valparaíso cada metro cuadrado de superficie expuesta al sol recibe 1,4 kW/hora de energía al año. Haciendo los cálculos, una iniciativa ciudadana/estatal para transformar todos los techos en solares, entregaría mas energía que la que demanda la ciudad, sin emisiones de carbono, sin mantención y prácticamente sin cables. La energía se produce donde se consume. Por que no lo hacemos?, pues por que la energía en Chile está en manos de consorcios privados que lucran con el consumo y que para nadie es hoy novedad, consorcios con gran poder en el parlamento y buena parte de los partidos políticos.

Sin embargo, el sueño es posible, el cambio cultural-político-social necesario también lo es.

También, sobre las cumbres de los cerros porteños, pasan diariamente cantidades enormes de vientos. Sueño con ver en el perfil de los cerros una línea de gigantes, maquinas eólicas de última tecnología, que capturen aún más energía limpia.

Con abundante energía solar y eólica Valparaíso puede ser un productor neto de energía eléctrica durante la mitad del siglo XXI. Gigantescas empresas ciudadanas con control de la comuna, produciendo trabajo y electricidad para la vida, la iluminación, la industria limpia y el transporte limpio. Tal como he dicho, soñar no cuesta nada pero técnicamente la oportunidad está allí, globalmente a la mano y totalmente desarrollada y eficiente.


 

Con toda esa energía eléctrica, capturada de los miles de millones de kW/hora que caen y pasan gratuitamente todos los días por la comuna, resulta evidente que todo el transporte debiese ser eléctrico. Es muy probable que a la mitad de este siglo, camiones autos y navíos eléctricos suplanten a los motores a combustible en las grandes ciudades del planeta. Hacer 50 ascensores eléctricos que lleguen a las cotas mas altas, junto con una red de teleféricos, como los que ya hay y funcionan brillantemente en La Paz o en Medellín, harían de Valparaíso una ciudad icónica del siglo XXI, con la mejor calidad de vida de América.

No es difícil soñar e imaginar durante el siglo XXI, ver crecer la ciudad eléctrica, eólico-fotovoltaica más grande de América, una ciudad para vivir sin un horrible puerto de carga al frente, con la mejor tecnología de luz, transporte y maquinaria eléctrica, limpia, en colores y armónica. Más amable que nunca. Una ciudad que, además de sustento alimentario en granjas submarinas, con murallas y techos de hortalizas, saca del mar parte extra de su energía y desalinizando, su propia agua dulce.

Y ¿por qué no?, en el mar a un par de kilómetros frente a la bahía un espacio-puerto flotante que nos conecte con el Asia Pacifico y tal vez con las estrellas.

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