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Opinión: Falange sin retorno

Gabriel Anich, estudiante de Derecho de la Universidad de Chile, analiza el tema en nuestro medio asociado ElQuintoPoder.

Opinión: Falange sin retorno

Andrés Zaldívar junto a Eduardo Frei. Foto: Agencia Uno

Por Gabriel Anich, en El Quinto Poder

¿Quién fue el gran perdedor de las elecciones del pasado domingo 19? Sin dudas, la Democracia Cristiana. El partido de Alameda 1460 apenas alcanzó 14 diputados de 155 (versus 43 de sus socios de izquierda en la Nueva Mayoría) y en el Senado tendrá 6 curules de 43. La crisis ya está desatada: en menos de una semana, renunció Carolina Goic a la presidencia del partido, misma actitud que adoptó su vicepresidente y más leal escudero de la campaña de la senadora, Matías Walker.

Sólo se rasgan vestiduras en la falange ¿Pero de cuándo viene la crisis? No es una respuesta fácil, considerando el peso histórico de la DC en la política chilena de los últimos 60 años. Fue en 1935, cuando un grupo de jóvenes del tradicional Partido Conservador fundó un movimiento imbuido del ideario de la Doctrina Social de la Iglesia: la Falange Nacional. Nacía así un partido de marcado carácter progresista, laico de inspiración cristiana y contrario tanto al comunismo como al capitalismo salvaje. El grupo siguió sumando adeptos procedentes de distintas corrientes del socialcristianismo, alentado por el éxito de las Democracias Cristianas en la Europa de posguerra, hasta formar el gran Partido Demócrata Cristiano que alcanzaría el poder en 1964.

Nunca antes en la historia de Chile un partido gobernaba con la más amplia mayoría parlamentaria y sin el apoyo de terceros. Siguiendo la doctrina del "popolarismo" del sacerdote siciliano Luigi Sturzo (padre de la DC italiana), en el PDC confluían trabajadores, empresarios, sindicalistas, pobladores, intelectuales y profesionales unidos bajo la Flecha Roja. Contaban incluso con el apoyo de la Iglesia Católica, incluso de importantes miembros de la curia. El gobierno de Eduardo Frei Montalva, pese a impulsar grandes pero complejas políticas como la Chilenización del Cobre, la Reforma Agraria, la promoción popular y la reforma al sistema educativo, se hallaba cada vez más acorralado por todos los partidos del sistema. Es más, las disputas internas en la DC llevaron al quiebre de las tendencias más izquierdistas del falangismo, resultando en el MAPU y la Izquierda Cristiana.

Al nuevo centro político chileno le pesó la falta de alianzas y acuerdos políticos: su candidato presidencial en 1970, Radomiro Tomic, quedó en el tercer y último lugar de los comicios Pero seguía siendo pieza importante del engranaje institucional. En octubre de ese año, dio el pase de entrada de la izquierda de la Unidad Popular a la presidencia de la Nación, mediante el Estatuto de Garantías. Posteriormente, se alzó como cabeza de la oposición contra Salvador Allende, formando frente común con el Partido Nacional y (digamos la verdad) contribuyendo significativamente a la intervención militar de 1973 y consecuente quiebre democrático.

Pese al apoyo brindado por la mayoría de la DC al golpe de Estado, ello no impidió que se mantuviera liderando la oposición al Régimen de Pinochet. La lucha de líderes como Patricio Aylwin y Gabriel Valdés, permitió alcanzar acuerdos políticos tanto con izquierdas y derechas moderadas (expresado en la Alianza Democrática y el Acuerdo Nacional de 1985) y el triunfo opositor en el plebiscito y elecciones de 1988 y 1989. Aylwin tuvo en sus manos la transición hacia la democracia, lograda con indiscutibles éxitos en lo político, económico, social y en materia de Derechos Humanos. En 1994, accedió a La Moneda otro decé, Eduardo Frei Ruiz Tagle. Después de él, ninguno más.

¿Qué pasó entre medio? ¿Por qué se hundió de esta manera el partido más grande que ha visto Chile su historia? Precisamente el gran tamaño y las cuotas de poder de la Democracia Cristiana le pasaron la cuenta. La corrupción dijo presente, mientras el centro DC perdía votos en manos de la izquierda concertacionista (hoy todavía más a la izquierda que antes, muestra de ello es el rechazo que este año dio el socialismo a su histórico candidato Ricardo Lagos) y la conservadora UDI. Las divisiones entre "colorines", "guatones", "chascones" y "príncipes" trajeron como consecuencia el quiebre de Adolfo Zaldívar y sus cercanos en 2008, así como la derrota del expresidente Frei en 2009, frente a la centro derecha dirigida por Sebastián Piñera (quien no esconde sus orígenes familiares en la decé).

El acercamiento de la antigua Concertación a izquierdas más duras (como el Partido Comunista) devino en la creación de la Nueva Mayoría, con un claro ánimo refundacional y en cierta forma desdeñoso de lo alcanzado entre 1990 y 2010. Pienso que la DC traicionó seriamente sus principios al aceptar formar una alianza electoral y política con los comunistas, quienes avalan sin pudor regímenes que son resistidos con fuerza por el movimiento democristiano mundial, como Cuba, Venezuela y en su día la Unión Soviética y sus satélites (véase la persecución de cardenales como Stepinac y Mindszenty) . En los últimos tres años, la Falange ha aportado con su voto a reformas (que si bien la mayoría comparte sus ideas matrices) seriamente cuestionadas por la ciudadanía en su diseño y aplicación.

Ya vimos que el camino propio no dio los frutos esperados. Seguramente, como pasó en Italia en 1992, la DC chilena se fraccionará en varios partidos. Algunos más de izquierdas y otros de derechas. Pensemos que en Italia, el partido de Andreotti y Moro también formó coaliciones con partidos de izquierda moderada (socialistas, socialdemócratas, republicanos) y fracasó en el intento de buscar acuerdos con el Partido Comunista Italiano de Berlinguer (que posteriormente derivaría a la socialdemocracia actual). La corrupción y los vínculos con la mafia destruyeron a todos los partidos italianos, resultando en el puzzle político actual de la península.

Si bien esta división terminaría con el partido único del socialcristianismo chileno, sería conveniente para la búsqueda de nuevos consensos políticos. Sabemos que dentro de la DC hay mares de distancia entre lo sostenido por políticos como Jorge Pizarro y Yasna Provoste versus las propuestas de Mariana Aylwin y los Walker. Unos estarán con la Fuerza de Mayoría (socialistas, pepedés, radicales y comunistas), otros mirarán al centro de Andrés Velasco y la tecnocracia (también grandes derrotados en la elección), y no descartar que algunos se plieguen al sector moderado de Chile Vamos (Evópoli, el PRI y algunos cuadros de RN-UDI). No es de menor relevancia señalar que los líderes de la Internacional Demócrata de Centro (la multi-partidaria democristiana a nivel mundial) son casi todos de centro derecha: Andrés Pastrana, Pier Ferdinando Casini, Lourdes Flores y Mariano Rajoy.

Está claro que han llegado a su fin dos procesos: el del desarrollo de la Democracia Cristiana en Chile, como lo hemos resumido anteriormente, y el de la relación entre el mundo socialcristiano y socialista democrático fraguada durante la dictadura de Pinochet. Como pasó en su día con el viejo Partido Radical, ese que dirigió los destinos del país por casi 15 años, hoy la Democracia Cristiana pasa a la historia como un caso digno de estudio y análisis político. De las colectividades tributarias de la Falange de 1935 depende preservar el legado de líderes como Aylwin, Frei, Valdés, Leighton, Tomic, entre otros.

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