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Opinión: Caridad no es lo mismo que justicia social

José Ignacio Gómez, estudiante de psicología, analiza el tema en nuestro medio asociado ElQuintoPoder.

Opinión: Caridad no es lo mismo que justicia social

La caridad no es lo mismo que la justicia social. Imagen referencial. Foto: Agencia Uno

Por José Ignacio Gómez, en El Quinto Poder

Chile es un país que, según los indicadores y discursos oficiales, se dirige hacia el desarrollo. Muchas cosas han mejorado en las últimas décadas y es que parece que las cosas se estuvieran haciendo bien; pero hay un tema que no deja de causar insatisfacción, nuestra sociedad es cada vez más consumista e individualista y tiende a olvidar que la caridad no es lo mismo que la justicia social.

Una de las expresiones de esto es que abordamos los problemas colectivos con soluciones individuales. Por ejemplo, si en el barrio hay una plaga de ratones, cada vecino recurre a soluciones particulares para su casa (pone trampas o contrata un exterminador) en lugar de comunicarse y tomar acciones conjuntas al darse cuenta de que todos están teniendo el mismo problema porque hay un basural demasiado cerca o lo que sea. Del mismo modo ocurre con temas mayores, cada persona ve solamente por si misma y su grupo más cercano lo cual lleva a un uso poco eficiente de los recursos tanto a nivel macro como microsocial; si hasta la comunicación entre vecinos ha desaparecido porque ya nadie quiere salir a las calles de su barrio y es que los muros que antes solían proteger a las ciudades ahora rodean y aíslan nuestras casas.

También tenemos grandes problemas sociales para los cuales aún no contamos con soluciones definitivas porque preferimos seguir arreglándonos lo mejor posible con el sector privado; solo por nombrar un ejemplo, la Teletón. El problema al que responde la iniciativa es la falta de apoyo que tienen los minusválidos y sus familias para costear tratamientos y prótesis, como sociedad estamos de acuerdo en que eso está mal, pero en lugar de organizarnos y exigir cambios, nos contentamos con un ritual anual que llamamos las "24 horas de amor" donde se monta todo un espectáculo televisivo que llama a cada uno a depositar su granito de arena para la causa, una procesión tras la cual todos pueden sentirse menos culpables y además pueden divertirse con el show televisivo que mezcla modelos en lentejuelas y unas muletas, para terminar mostrando un niño de 8 años que rompe su alcancía al lado de grandes empresarios que depositan cheques millonarios para limpiar la imagen de su marca y de paso hacer un poco de publicidad. El punto es que preferimos ese tipo de soluciones porque nos dejan algo a nosotros, los consumidores, que podemos estar tranquilos el resto del año sin pensar nuevamente en el tema.

Bomberos voluntarios que no perciben un sueldo por su labor o mayores recursos actualizar sus equipos, carreteras concesionadas a extranjeros que no dejan otra opción que pagar lo que pidan, albergues y donaciones particulares que sostienen a nuestros compatriotas tras cada desastre natural. La lista sigue y sigue… porque si bien hay sentimientos más bien románticos en el ideario nacional sobre temas como ayudar al prójimo o ser bondadoso con el extranjero (mientras sea rubiecito) lo cierto es que este sistema en que estamos nos ha ido convirtiendo de a poco en una sociedad de seres aislados, alienados, posesivos y a merced del capital internacional, esto tiene que parar.

La pobreza no se soluciona dando limosna, la justicia no se alcanza mediante "funas" o detenciones ciudadanas, es momento de crear comunidad y recobrar el tejido social que nos hizo ser grandes si queremos dejar un legado que valga la pena porque divididos no lograremos nada y porque solo las acciones colectivas tienen un potencial real de cambiar las cosas. la unión hace la fuerza.

En defensa de una sociedad más justa, democrática, participativa y libre. Un ciudadano preocupado.

 

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