Escucha ahora

Música en ADN


Opinión: Aprendamos a controlar nuestro racismo natural

Fernando Frias analiza el tema en nuestro medio asociado ElQuintoPoder.

Opinión: Aprendamos a controlar nuestro racismo natural

Ley de inmigración. Imagen referencial. Foto: Agencia Uno

Por Fernando FríasElQuintoPoder.cl

Este artículo es complementario  a otro anterior y que explica que aún somos dominados por los instintos de nuestros antepasados simios y que aconsejo leer para entender de forma más amplia el presente artículo.

Para entrar en el tema expliquemos una diferencia humana superficial y que suele ser utilizada para diferenciarnos en razas y es el color de nuestra piel. Debemos saber que existe una fuerte correlación entre el tono de la piel, la intensidad de la luz solar y la región geográfica. Nuestra piel es importante para la asimilación de ciertas vitaminas que son cruciales para nuestra salud. Por ejemplo, la luz ultravioleta afecta el ácido fólico presente en la sangre. Una hora bajo luz solar intensa, es suficiente para reducir a la mitad la cantidad de ácido fólico almacenado en el cuerpo.

Los bajos niveles de ácido fólico están correlacionados con bebés que nacen con problemas en la espina dorsal y con cerebros incompletos. También resulta ser una vitamina crucial para la producción de espermatozoides, a tal grado que si hay muy poca de esta vitamina, el varón puede desarrollar esterilidad temporal.

Otro elemento que determina el color de la piel es la necesidad que tiene el cuerpo de vitamina D. Vitamina esencial para que nuestro organismo pueda absorber el calcio y depositarlo en los huesos, función básica para el desarrollo de los embriones. Por ejemplo, la necesidad de vitamina D durante el embarazo explicaría por qué las mujeres, en cualquier parte del mundo, tienen la piel más clara que los hombres.

A diferencia del ácido fólico, la vitamina D depende de la luz ultravioleta para ser producida por el cuerpo. Los pueblos que viven en las regiones alejadas del ecuador terrestre, donde la luz del día es más débil, evolucionó a pieles más claras para absorber mejor la luz ultravioleta y asegurar la formación de vitamina D. por el contrario, los pueblos que viven en los trópicos evolucionó con piel oscura para bloquear el exceso de luz y de esta manera evitar dos problemas: la falta de ácido fólico y el exceso de vitamina D.

El año 1978, la NASA desarrolló un espectrómetro que permitió hacer un mapa global de la cantidad de luz ultravioleta que recibe el planeta. Se comparó esa información con mapas del color de la piel en más de 50 países, mostrando una correlación: entre más débil era la luz ultravioleta, más clara era la piel. Asimismo se encontró que quienes viven por encima de los 50 grados de latitud, tiene el mayor riesgo de deficiencia de vitamina D.

En conclusión, la gente de los trópicos desarrolló piel oscura para bloquear el sol y para proteger sus reservas de ácido fólico, mientras que los pueblos alejados del ecuador desarrollaron una piel clara para aprovechar mejor el poco sol y producir cantidades adecuadas de vitamina D durante el invierno.

Veamos el tema desde afuera como si fuéramos extraterrestres, si estudiamos genéticamente la especie humana, nos daríamos cuenta que no hay diferencias significativas entre los distintos grupos étnicos y concluiríamos que todos los seres humanos pertenecen a la misma especie animal, es decir, son de una única raza. Misma conclusión que tienen los investigadores del genoma humano, ya que las diferencias externas, por las cuales nos clasificamos en razas, pierden significado a nivel genético, y se sabe que las diferencias entre individuos de una misma raza suelen ser mayores que entre individuos de razas diferentes.

Pero, la visión cambia cuando se ve desde adentro, ya que instintivamente vemos con recelo a cualquier individuo que luzca o se comporte diferente a la acostumbrada en nuestra sociedad. A fines del siglo XIX la antropología, utilizando las ideas de Charles Darwin, creía que las razas diferentes a la blanca serían etapas previas de la evolución humana. En esa época y hasta principios del siglo XX, no era extraño que seres humanos (como los pigmeos africanos) fueran expuestos al público igual que animales de circo.

Hoy, en este mundo globalizado, está tomando fuerza este primitivo instinto racista y discriminatorio contra todos aquellos que vemos diferentes a nosotros o que no pertenecen a nuestro grupo, una actitud que en mayor o menor grado ninguno escapa, así lo prueba la ciencia. Pero se da una curiosidad y muestra que sí es posible controlarlo, pues si bien podemos tener sentimientos racistas contra los negros, aplaudiremos a un jugador de color del equipo de nuestra preferencia si hace una buena jugada ante un jugador blanco del equipo contrario, también sirve de ejemplo que muchos admiramos a Usain Bold y a otros grandes atletas sin importar su color de piel. Estos ejemplos muestran que los sentimientos racistas puede ser controlados, nuestro cerebro es lo suficientemente elástico y adaptable para ello.

Obviamente siempre existirán quienes quieran justificar el racismo por medio de la genética, lamentablemente para sus intenciones, la ciencia hasta ahora viene demostrando que están equivocados y lo transforma en un concepto social sin base científica.

Los seres humanos somos los únicos animales con la capacidad de estudiarse a sí mismo y descubrir sus defectos, pero esto no sirve de mucho si no adquirimos la capacidad de tomar conciencia de ellos y así aprender a dominarlos. Una tarea que debe ser desarrollada desde la etapa escolar.

X