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Directora del hogar del Sename donde murió Lissette: "Nada ha cambiado"

Mónica Monje denunció que la pequeña fue sometida a una ingesta masiva de medicamentos, atribuyó responsabilidad al Deprode y acusó que no hay condiciones mínimas de salud.

Directora del hogar del Sename donde murió Lissette:

Imagen de referencia. Foto: Agencia Uno

El 11 de abril del 2016 falleció la pequeña Lissette en el hogar CREAD Galvarino de Estación Central, lo que conmocionó al país por la situación que atraviesan los 91 mil niños que se encuentran en el Sename.

El sitio Ciper publicó las palabras de la psicóloga Mónica Monje Lütjens, quien oficiaba en ese entonces como directora del hogar y hoy está desvinculada de la institución.

En este testimonio, advierte: "Quiero dejar bien claro que si Lissette falleció, ese hecho es suficientemente contundente para que yo asuma que no puedo salir 'ilesa' de lo sucedido, aún cuando no estaba presente en el momento de su deceso".

"No soy cómplice de ningún intento de ocultar nada relacionado con su muerte, ni de encubrir a nadie, y no tengo compromisos personales ni políticos", subraya.

Luego comienza su relato con un llamado telefónico de la jefa técnica del recinto que le informó que Lissette se había "descompensado", es decir, tuvo una "desregulación emocional y agitación psicomotora".


 

Unos 10 minutos antes de que Mónica se fuera, "Lissette fue a mi oficina y me pidió 'ropa de guagua'. No me extrañó, yo acostumbraba a regalarle muñecas ya que ella jugaba a ser madre".

"Le dije que no tenía, pero que apenas consiguiera se la haría llegar con la encargada de su casa. 'Ya tía', fue su respuesta. Nos despedimos con un abrazo y un beso. Fue la última vez que la vi con vida", indicó.

A su regreso, cuenta que "la información era escasa, confusa y estábamos completamente en shock. En las afueras de las oficinas de dirección, estaba Lissette, extendida en el piso y a su alrededor el equipo del SAPU y Bomberos. La estaban reanimando".

"Esa misma noche comenzó otra historia: de omisiones, secretos, ocultamientos e inculpaciones cruzadas. Los medios de comunicación daban cuenta de versiones distintas y con escaso rigor; sectores políticos pedían 'cabezas'. Al otro día ya se rumoreaba que la causa de la muerte habría sido una sobredosis de medicamentos", añade.

Para Mónica, en ese momento "lo único cuerdo era esperar los resultados del Servicio Médico Legal, distintas versiones iban y venían. Mientras, en medio de un clima enrarecido, al interior del CREAD y del servicio en su conjunto, cada uno trataba de 'salvar el pellejo'".


 

La psicóloga relata que a partir de los 8 años, "yo conozco el proceso que vivió Lissette. Ni el padre ni la madre consiguieron jamás recuperar el cuidado de Lissette, quien era visitada de manera intermitente, por largos periodos sin visita alguna". 

Mónica narra que se intentó gestionar la llegada de la pequeña a hogares más idóneos, pero fue infructífero. Además, "al momento de fallecer, Lissette y dos de sus hermanos menores se encontraban al alero de la institucionalidad del Sename".

Antes de regresar al CREAD Galvarino, la niña fue llevada al Hospital San Borja Arriarán y a un centro privado para atención psiquiátrica, lo que la mantuvo con "una ingesta importante de medicamentos tendientes a la reducción de sus impulsos y control conductual".

"La causa de muerte de Lissette aún es una incógnita", puntualiza Mónica. Admite que a la prensa se filtró la versión de una niña, supuesta testigo ocular de los hechos, lo que generó dos causas de muerte opuestas y los medios instalaron la presencia de 'tortura y apremios ilegítimos'", manifiesta.


 

La psicóloga acusa que no existe actualmente "ninguna interpelación ni a las autoridades del Sename ni a las de su Departamento de Protección y Restitución de Derechos (Deprode)".

Mónica revela que toda orientación técnica en el Sename proviene de su dirección nacional, las que emanan efectivamente desde el Deprode, que elabora protocolos, instructivos, etc. pero que es "cerrado e impermeable a las sugerencias que elaboran desde los equipos técnicos y profesionales de los centros".

Desde allí emanaron orientaciones técnicas en 2010 que "debíamos cumplir en centros que siempre funcionan al máximo de su dotación, incurriendo en hacinamiento y sobrecarga para educadores de trato directo (con turnos extenuantes y escasez de personal) y duplas psicosociales".

Estas determinaciones aumentaron la cantidad de niños en cada CREAD de 80 a 100 plazas, pero con la misma cantidad de funcionarios. "Una meta imposible", advierte Mónica, quien además acusa que el Deprode nunca manifestó un estándar mínimo.

"Una vez que asumí como directora del CREAD, informé a todos los Tribunales de Familia que nos encontrábamos con alta dotación de niños varones, a punto de no contar con camas para recibirlos. Hicieron oídos sordos", relata.


 

También informó a las autoridades del Sename los perfiles, complejidades y necesidades de cada niño, pero "la respuesta fue insuficiente, momentánea y de parche. Esos documentos están a disposición de quien quiera leerlos".

"Debo decir que en el CREAD Galvarino se recibían -y se siguen recibiendo- a niños con trastornos del tipo Autista Asperger, niños/as con dificultades motoras de desplazamiento y con enfermedades crónicas (asma, corazón, etc.)", denuncia.

Además, "muchos de ellos han sido abandonados y vulnerados, lo que construye una doble o triple realidad afectiva-emocional-intelectual. Es decir, debemos hacernos cargo de la salud física y mental de niños que requieren de tratamientos altamente especializados para recuperarlos y re-habilitarlos".

"La realidad es que para ellos no existe esa atención especializada y las distintas direcciones del Sename se han negado a replantear el perfil de atención y a situar las responsabilidades del Ministerio de Salud, desde la prioridad y especialización, en la atención de estos niños/as", subraya.

También precisa que los niños "no tienen las mínimas condiciones de atención de salud. Baste decir que en el CREAD Galvarino no se cuenta con un pediatra de jornada completa aun cuando albergaba, al momento de fallecer Lissette, a más de 120 niños entre los 6 a 12 años".

"Esta realidad indica que los niños bajo el cuidado y protección del Sename no son un grupo prioritario de atención en salud para ninguna institución", sentencia.


 

Mónica también subraya que "la gente critica y destruye desde la comodidad de las redes sociales y el desconocimiento absoluto de cómo es la realidad de los niños que viven en el sistema de protección del Sename".

"Lo que asombra es que, a pesar de la conmoción que provocó la muerte de Lissette, nada haya cambiado. Y ello, a pesar que después de Lissette, falleció también por causas que se investigan el menor James y luego otro niño más", añade.

Para la psicóloga, "pareciera que la muerte de esos niños/as dejó de ser visible. También para aquellos políticos que en su momento rasgaron vestiduras y hoy siguen al margen de la situación del Sename, sin apuro para promulgar la Ley de Protección Integral, deuda pendiente con la infancia de nuestro país".

"¿Podrá esa actitud provocar cambios y transformar la manera de hacer políticas de infancia en Chile? ¿Qué pasó con el CREAD Galvarino, con los otros CREAD y las residencias colaboradoras luego de la tragedia de Lissette? Silencio", cierra.

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