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Trasnoche ADN


Abuso sexual: No se puede ver a la víctima sólo como un medio para probar el delito

José Murillo señaló en La Prueba de ADN que las personas que fueron víctimas de delito sexual en su infancia, pueden recién llegar hablarlo, en promedio, a los 26 años.

Abuso sexual: No se puede ver a la víctima sólo como un medio para probar el delito

José Andrés Murillo. Foto: Agencia Uno

La atleta nacional Érika Olivera, que hace algunos días reveló haber sido abusada sexualmente por su padrastro desde que tenía cinco años, se sumó a la petición para que el Gobierno le ponga urgencia al proyecto de ley que establece la imprescriptibilidad de los delitos sexuales contra menores.

José Andrés Murillo, presidente de la Fundación para la Confianza, se refirió a este tema en La Prueba de ADN, señalando que “hacerlo imprescriptible no es solamente buscar la condena del abusador”, fundamenta puntualizando que “somos un país punitivo, como si hasta la víctima fuera un medio para probar que hay un delincuente y dejamos de  lado que hay detrás de eso, una víctima que necesita que su voz sea reconocida”.

Por lo anterior, dijo que “una de las luchas en las que estamos metidos es que el sistema judicial no revictimice, sobre todo cuando se trata de niños y niñas, si no que sea un proceso reparatorio en sí”.

Agregó que lo que se busca es un sistema preparatorio que resguarde y garantice los derechos de los niños. Para ello, primero hay que “crear instituciones con instancias de escucha, de sensibilización de la sociedad para que puedan atender a las víctimas”.

“Es inaceptable que no tengamos un ente rector, no tenemos una ley de garantía de los derechos de los niños, se está discutiendo hace un año seis meses en el Congreso, aún no pasan al artículo 10, porque no se ponen de acuerdo con dos o tres cosas”, enfatizó Murillo.

Referente al caso de Olivera, donde muchos han criticado la tardanza de la denuncia, indicó que  “según investigaciones a nivel mundial, las personas que fueron víctimas de abuso sexual durante su infancia, pueden hablarlo, incluso decírselo así mismos en promedio a los 26 años”.

“Esto por las características del abuso, el trauma que genera, que no es solamente una violencia física, si no que simbólica. El 95% de los casos, es alguien cercano a la víctima y crea todo un contexto, en el cual es muy difícil, primero en pedir ayuda y segundo reconocer que esa persona está siendo víctima, por lo que es un silenciamiento que cuesta mucho romper”, señaló.

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