Fernando Lugo, el exobispo de izquierdas que acabó en 2008 con 61 años de gobierno del Partido Colorado en Paraguay, fue destituido por el Congreso mediante un juicio político. Mientras en el exterior del Congreso miles de seguidores de Lugo coreaban “el pueblo unido jamás será vencido”, 39 senadores votaron a favor de la destitución, cuatro en contra y dos se ausentaron. “Se hizo lo que se tenía que hacer”, declaraba un senador de derechas. El Congreso paraguayo desoyó a los ministros de Exteriores de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) que se desplazó a Asunción y a su secretario general, Alí Rodríguez, quien leyó un comunicado en el que se oponía al proceso.
El expresidente compareció después ante las cámaras. "Es la historia paraguaya sin democracia la que ha sido herida profundamente. Espero que sus ejecutores tengan presente la gravedad de sus hechos", declaró, para agregar: "Esta noche salgo por la puerta más grande de la patria: por la puerta del corazón de mis compatriotas". Es Federico Franco, un médico de familia conservadora perteneciente al partido Liberal, el que sustituirá a Lugo como presidente. "Dios y el destino quiso que asuma la Presidencia", afirmó al jurar el cargo.
El origen de la crisis política fue la matanza de seis policías y 11 campesinos que se produjo el 15 de junio en el norte del país tras la ocupación de una finca por cientos de campesinos. Tras la matanza el Partido Liberal Radical Auténtico, con el que gobernaba Lugo en coalición, le retiró su apoyo y se unió a su contrincante, el Partido Colorado, para provocar un juicio político. Este proceso está contemplado en la Constitución vigente desde 1992. “Es legal pero no es legítimo”, comentaba uno de los partidarios de Lugo.
Revisa AQUÍ la nota del periodista del diario El País de España, Francisco Peregil, quien se encuentra en Asunción.