Rusia mantiene su rotundo rechazo a una intervención militar internacional para poner fin a la guerra en Siria y sigue abogando por el diálogo entre todas las fuerzas políticas de aquel país, según se puso de manifiesto durante la visita realizada a Moscú por una delegación del Consejo Nacional Sirio (CNS), una de las principales fuerzas políticas opuestas al régimen de Bachar el Asad.
Los dirigentes rusos sostienen que no se aferran al régimen de El Asad, pero, tras la experiencia de Libia —Moscú considera que fue engañado en la interpretación de las resoluciones de la ONU 1970 y 1973 que sirvieron para justificar el ataque aéreo de la OTAN en el país magrebí—, temen las consecuencias que podría acarrear la marcha del líder sirio. Si el presidente Vladímir Putin, de acuerdo con el pragmatismo que inspira su política exterior, acaba por desmarcarse de El Asad, ese momento no ha llegado todavía. Moscú trata de ganar tiempo y ha propuesto al Consejo de Seguridad de la ONU un proyecto para prolongar durante tres meses la estancia de la misión de observadores de Naciones Unidas, cuyo mandato expira el 20 de julio. Analistas árabes en Moscú consideran que esta parsimonia es en parte la respuesta de Moscú a la fragmentación de la oposición siria y a la falta de una alternativa a El Asad que dé garantías a Rusia sobre sus intereses en la zona.
El ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, recomendó a la delegación del CNS, dirigida por su presidente, Abdel Basset Seida, que cumplan las obligaciones contraídas en el marco del plan Kofi Annan, tal como está contemplado en las resoluciones del Consejo de Seguridad y se aprobó en la reciente reunión del Grupo de Acción de Siria en Ginebra. Esta semana, Lavrov se entrevistó también en Moscú con una delegación del Foro Democrático de la Oposición, otra de las fuerzas políticas de la disidencia siria.
Sobre el futuro de la base que Rusia tiene en la localidad siria de Tartús, en la costa mediterránea, Seida es partidario de que esta forme parte del paquete de relaciones entre Rusia y el futuro régimen sirio en función de los intereses de este país y no “en el despotismo y la arbitrariedad”.